M. DOMINGUEZ VALENCIA
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El entierro de la doctora y escritora María Ángeles González Gudino se convirtió en el acto de adhesión masivo que se preveía. La cola de automóviles aparcados alrededor del Tanatorio Municipal era de varios cientos de metros y rodeaba completamente la ampliación del cementerio. La consecuencia natural de despedir a una persona que había desarrollado su actividad en todo tipo de campos sociales. Lo que, unido a su condición de esposa del primer teniente de alcalde, Alfonso Grau, contribuyó a aumentar la cantidad de asistentes al oficio religioso. De hecho, pocas veces se ha visto en dicho tanatorio una ceremonia con tal cantidad de asistentes. La presencia institucional, con la alcaldesa Rita Barberá y la practica totalidad de la corporación municipal, incluyendo representantes de la oposición, mientras que Juan Cotino representó a la Generalitat.
Representantes del Partido Popular, ejército, Guardia Civil, delegación de gobierno, Bancaja, Diputación, así como del mundo de la medicina rebozaban a la amplísima representación festiva, incluyendo toda suerte de miembros de Junta Central Fallera, falleras mayores de Valencia y Gremio de Artistas Falleros, así como miembros de Amics del Corpus, San Vicente, Semana Santa, etcétera. No faltó la familia de Josechu Rey de Arteaga, aquel que, en su día, se convirtió en la mano derecha de Grau cuando éste entró en el ayuntamiento como concejal de fiestas.
Todos ellos destacaban de María Ángeles su capacidad para preocuparse por los demás y su proverbial habilidad para intervenir de forma experta en cualquier manifestación cultural que hubiera en la ciudad.
Como decía una persona muy allegada a ella, "no sé si ha venido la persona que hablara mal de ella, porque dudo que exista".