Las mil caras del Pont Nou

El primer Pont Nou —conocido de este modo por ser el último construido en Valencia hasta que en 1937 fue inaugurado el puente de Campanar— tiene su origen en 1486. Era de madera y unía la ciudad con los poblados de Campanar, Beniferri, Benimàmet, Paterna, Burjassot, Godella, Benaguasil, Benisanó, Llíria y los Serranos. Su estructura ha sufrido numerosos cambios. Ahora recibe el nombre de Puente de San José.

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Las mil caras del Pont Nou
Las mil caras del Pont Nou 

Juan B. Viñals
valencia

El puente de San José, en valenciano Pont de Sant Josep, o Pont Nou era así conocido por ser el último de los puentes construidos en nuestra ciudad hasta que en 1937, en plena Guerra Civil, fue inaugurado el puente de Campanar. Sobre él han escrito Escolano, Teixidor, marqués de Cruilles, Salvador Carreres, Carboneres, Vicente Melió, Ventura Vidal, Almela y Vives, Felipe Garín, y un largo etcétera de historiadores de la ciudad de Valencia.
Pero ateniéndonos a lo que Cruilles escribe sobre su historia podemos reseñar lo siguiente: «…Mares dice de este puente que se construyó en 1486; y parece ser que dice lo mismo Ballester. Escolano habla que se hizo en 1606, y Escaplés lo reproduce, no dando mayor certeza Lop, a pesar de los datos de los que disponía. Sin embargo, de tanta contradicción —en sentir de Orellana—, no es tanta la discordancia, porque primitivamente el puente era de madera y su construcción, sin duda de 1486 –como dicen Mares y Ballester—, se debe de referir al de madera. Se lo llevó una fuerte avenida en 1517, que los derribó todos, comprobándose por Lop que eran de madera algunos de los puentes, y ciertamente los de esta materia serían los menos principales, como lo es éste. Sobrevinieron otras avenidas en 1580 y años posteriores, ocasionando graves daños, por lo que debe suponerse que se habilitaba el paso cuantas veces se rompía. Finalmente, se construyó el puente de cantarería en 1606 (…)».

Construido con maderos
Averiguado el origen de la data del mencionado puente, decir que su emplazamiento siempre ha estado en el mismo lugar: en la parte derecha del río el Portal Nou, y a la izquierda, «la fondalada», donde se conformaban «les terres marjalenques». El primer puente fue una «palanca», nombre que daban los valencianos a los construidos con maderos. De esa manera tan primaria se facilitaba la comunicación con los arrabales circunvecinos y los viejos poblados de Campanar, Beniferri, Benimàmet, Paterna, Burjassot, Godella, Benaguasil, Benisanó, Llíria, los Serranos, incluso en ocasiones era el camino para desplazarse hasta el mismo Aragón.
La fisonomía que ahora encontramos se debe en gran parte a las varias modificaciones realizadas desde comienzos del siglo XVII. Los cambios introdujeron nuevos materiales de sillería y se prolongaron hasta trece arcos escarzanos para de esta manera alargar el puente y conseguir aminorar la inclinación existente en el centro y alargarlo hasta alcanzar el firme más seguro, acercándose hasta la desaparecida Rambla, (importante ronda que se extendía desde el Palacio Real hasta el camino de Campanar), donde se lograba un firme más compacto después de haber rebasado los determinativos «aigua molls», o «terres marjalenques».
Algunas crónicas dicen que cuando se cimentaban los arcos el agua subterránea emergía a la superficie y por lo tanto era desviada y se dragaba hasta alcanzar un suelo con buen firme. Desde esa cimentación, los pilares eran levantados hasta la base de los arcos.
El 12 de noviembre de 1694 se colocaron las estatuas de Santo Tomás de Villanueva y San Luís Bertrán realizadas por el escultor italiano Ponzanelli.

Obras de ampliación en 1906
Con motivo de posteriores obras de ampliación del puente, llevadas a cabo en 1906, ambas imágenes fueron desmontadas y depositadas en los almacenes municipales. «Con resultado antiestético deplorable, apoyadas sobre los tajamares del puente, y colocando una acera con baranda metálica, obra que alteró perjudicialmente la línea arquitectónica de los ojos del puente y este mismo (…)», dejó escrito Felipe M. Garín Ortiz de Taranco sobre las nuevas obras de adaptación. Las dos estatuas finalmente fueron instaladas en 1947 en el puente de la Trinidad.
Posteriormente se repuso al puente la baranda o antepecho de piedra, con traza moderna rectilínea. En marzo de 1951 se ornamentó el puente con una escultura moderna de San José con el Niño, obra de Octavio Vicente, que fue colocada sobre el tercer tajamar de la izquierda saliendo del centro de la ciudad.


Muros y pretiles contra las inundaciones
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Viejos documentos aseguran que el encauzamiento del río y acomodación de los pretiles se realizó en sucesivas fases entre 1591 y 1789, quedando revestida la margen derecha desde la Creu de Mislata hasta Montolivete, y la margen izquierda desde la Alameda hasta rebasados con pretiles unos cuantos metros del puente de San José.
Un dato nada divulgado, y por lo tanto poco conocido, son los años en que se construyeron los muros y pretiles para salvaguardar de las inundaciones Campanar, Tendetes y Marchalenes. Este acontecimiento es recordado por Santiago Fernández Serrano, que vivía junto sus padres en una casita situada en ese mismo lugar de la hondonada, y por lo tanto testigo presencial. «En la década de los años cincuenta, unos pocos años antes de la riada de 1957, se expropiaron los terrenos y se añadieron los pretiles que faltaban hasta conectar con los próximos al puente de Campanar».
Otro documento suficientemente explícito es el que nos refiere: «Que en una de las primitivas obras se labró la gran Torre de Santa Catalina (1390), contigua a los muros de la ciudad (actualmente el IVAM)». Con la construcción de esta histórica torre se consiguió contener las inundaciones del casco viejo, pero la furia del agua la transfería a las cotas más bajas de enfrente, donde indefectiblemente se formaban los determinativos «aigua molls» o «terres marjalenques», que dieron nombre al antiquísimo arrabal, situado en el septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia. La contención del flujo por los muros de la derecha, sin duda, debieron de imprimir mayor velocidad al agua durante las crecidas, anegando la parte izquierda y produciendo la rotura de los tajamares, que sostenían los primitivos puentes y diques, desbordándose por las indefensas orillas de la parte izquierda. Eran, por lo tanto, por estos territorios a la vera del río por donde el agua irrumpía con gran violencia.
La expansión del flujo provocaba la rotura de los márgenes y el socavamiento del fondo del río. Las crónicas son elocuentes con respecto a estos fenómenos y las constantes inundaciones acaecidas en los niveles más bajos de este territorio incluido en la comarca de Valencia más productiva, la más rica. Era la que se contemplaba hasta hace más de medio siglo (1957). Ampliado hacia el norte gracias a la presencia del Barranco de Carraixet y hacia el sur por el Barranco de Torrente y el río Xúquer, lo que ha supuesto históricamente que todo el litoral valenciano sea un espacio eminentemente fructífero y poblado, teniendo que exceptuar dentro de tan ubérrimo territorio el tramo de una estrecha franja en donde se agudizaban los desbordamientos del río, precisamente en donde se conformaba la cuenca u hondonada que principiaba después de rebasar el muro del río del pont Nou, se prolongaba por poniente, al lugar donde se encontraba el tétrico cremador, actual Nuevo Centro, junto el puente de Ademuz, hasta las inmediaciones de la partida del molí Sant Pau, en Campanar.
Con la desviación del río en 1972, se consideró finiquitado el gravísimo problema que suponían los continuos desbordamientos del río Turia sobre los barrios situados al norte de la ciudad de Valencia.

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