J. P. VALENCIA
Lo mismo que las Fallas atraen a una multitud de turistas, la aglomeración de personas es campo abonado para los mendigos y para las mafias que los mueven. Se calcula que estos días se multiplica por tres y hasta por cuatro el número de personas que piden en las calles de Valencia, una nube de personas que se volatiliza cuando arde la falla de la plaza del Ayuntamiento.
Según fuentes policiales consultadas por este periódico, estos días llegan a Valencia grupos enteros de mendigos movidos por mafias. Se trata generalmente de gitanos rumanos y de personas con una fuerte discapacidad que recaudan dinero para sus jefes y en menor medida para ellos. Al parecer, van de ciudad en ciudad buscando las grandes concentraciones de gente o momentos de especial sensibilidad social.
Ya el pasado fin de semana se detectó a un grupo de cinco personas, cuatro de las cuales se ayudaban de muletas para caminar y otra en silla de ruedas, que habían llegado a Valencia para mendigar en Fallas. La previsión, además, es que situaciones como ésta se repitan estos días y con mayor volumen de gente.
También se produce un desembarco de personas, españolas o de otras nacionalidades, camufladas bajo el aspecto o la figura de mimos, dibujantes, músicos o simples vendedores de estampitas.
Según las fuentes, "entre los mimos hay auténticos profesionales que hacen muy bien su trabajo y que aportan colorido a la fiesta, pero hay otros que se ponen un disfraz cualquiera para recaudar dinero y nada más".
Hay también personas que han hecho de la mendicidad una auténtica profesión. En la puerta de la Basílica pide estos días un hombre que generalmente mendiga en Zaragoza y que aprovecha cualquier oportunidad para ampliar su "negocio". En este caso, su reclamo son unas imágenes de la Mare de Déu.
Difícil de combatir
Y entre todos estos siguen operando con normalidad los mendigos de Valencia, los habituales, los que se ven todos los días en la plaza de la Virgen o la plaza del Ayuntamiento, algunos de ellos toxicómanos y todos personas segregadas socialmente.
Tanto en unos casos como en otros, las fuerzas de seguridad están atadas de pies y manos. La mendicidad organizada está penalizada, pero no la mendicidad de subsistencia, que es lo que alegan todos cuando son interrogados. Descubrir a una mafia es muy difícil y rara vez ha sido posible practicar detenciones. Sólo en el caso de que una de las personas utilizadas para la mendicidad lo denuncie puede llegarse a una desarticulación con garantías de éxito.
Lo que durante algunos años fue muy frecuente y ahora ha desaparecido del mapa son los menores dedicados a robar, en gran medida por la presión policial.