P. VAREA / M. DOMÍNGUEZ VALENCIA
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Nou Campanar, y más concretamente su presidente, supo perder. Los falleros aguardaron expectantes en el casal mientras se desgranaban los premios en la televisión y cuando llegó el premio dos llegó la decepción. Los hay que se lo tomaron especialmente mal, pero es no fue Juan Armiñana, a quien le faltó tiempo para marcharse a Convento Jerusalén. La relación amor-odio que tienen ambas comisiones forma ya parte de la sabiduría popular.
Armiñana estuvo elegante, por mucho que su falla sea tres veces más grande que la que le ha ganado. "Todos creíamos que podíamos competir y ganar nuevamente. No pasa nada. Las fallas de 2011 serán otra historia". ¿Decepcionado?. "No, porque sigue siendo la misma gran falla que había hace diez minutos. Pero no podemos ser jurado y parte".
Que las alegrías y las decepciones van por barrios se deduce de, por ejemplo, las declaraciones, tan lacónicas como explícitas, de José Camany: "Impresionante y aberrante".
Todo lo contrario que en Almirante Cadarso-Conde Altea, cuyo tercer premio se celebraba como una victoria. La presidenta, Laura Cano, lo tenía claro: "Nos ha costado mucho saltar esa barrera del quinto premio que parecía que nos aprisionaba. Pero lo hemos logrado y estamos contentísimos. Esto va a ser el primer paso porque Almirante va a dar mucho que hablar en el futuro". El artista, Manuel Algarra, llegó muy poco después y, emocionado, aseguró que "hay un antes y un después".
El jurado incluía cuatro especialistas en bellas artes y tres falleros de base. Se teoriza si ese dominio ha jugador a favor de la pintura sobre la composición. Pero sólo es una teoría.