MOISÉS DOMÍNGUEZ VALENCIA
No es un misterio que a muchos no falleros les choca, cuando no les repatea, la parafernalia de los protagonistas de la fiesta. Uno de los aspectos que comentan con más sorna es el valle de lágrimas de la Ofrenda.
Basta un simple sondeo para entender porque llora una fallera. Porque lo hacen sobretodo la mujer y sobretodo a partir de una determinada edad. Les preguntas y te lo explican. «Le he pedido por mi padre que tiene cáncer». «Es la primera vez que desfilo con mi hijo». «Antesdeayer se nos murió un fallero. Uno de los más veteranos de la comisión».
Una cosa son los sentimientos y otra cosa es los números. De 40 falleras de la Plaza de la Tienda entran llorando 19. De Pi y Margall-Arturo Cervellera lo hacen 35 de 66. Y de un grupo de 47 de la plaza del Pouet lo hacen 21. Está claro que cuatro de cada 10 falleras desfilan con congoja.
La Ofrenda es un torrente de sentimientos a corto plazo. La fallera hace su entrada no ya llorando. Le tiemblan las manos. El pañuelo de papel convertido ya en una pasta es un elemento de la indumentaria tanto como la mantilla. Cuando abandona el recinto todavía le dura el soponcio, pero al cabo de poco tiempo cuando vuelven a hablar entre sí, cuando reaparecen los familiares que no desfilan y cuando la banda de música trasforma la solemnidad por música de Carnaval el estado de ánimo mejora. La fallera sonrié y vuelve a un estado de normalidad con la sensación de haber desahogado su fuerza interior.
Eso siempre ha sido y siempre será. Las falleras, sobre todo ellas, disfrutaron por fin de una comodidad añadida. La desaparición de los escalones de plaza de la Virgen en en la calle Miguelete y Navellos. A cambio, los que iban a la plaza de Manises se llevaron infinidad de trompazos en las tibias porque los bolardos, a baja altura y con la noche entrada, eran un enemigo mortífero. Más de una fallera rodó por los suelos.
Hoy concluye la Ofrenda y se completará el manto de la Virgen, dedicado este año a la festividad del Corpus y, como tal, la espalda de la patrona queda decorada con una imagen de la Custodia habilmente embellecida con adornos de color púrpura con un fondo fundamentalmente blanco pero eso será trabajo para está tarde noche. Los vestidores hicieron su labor. Al final, el arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, recibió a las falleras mayores en la Basílica.