MOISÉS DOMÍNGUEZ VALENCIA
La Ofrenda es posible. Es un festejo espectacular como complicado pero si converge todos los hados, se puede conseguir los objetivos: que el fallero se divierta, que la gente se asombre y que el festejo no se convierta en una bestia imposible de domar.
Ayer, la segunda mitad de las fallas de Valencia completaron el acto de devoción ( o de paseo, según personas) con tranquilidad y concierto. La amenaza de primera hora cuando el cielo empezó a ponerse de color grís y cayeron uns pequeñas gotas pasó rapidamente. Fue susto y no muerte. A partir de ahí, decenas de miles de falleros volvieron a ocupar unas calles tan sólo un poco más concurridas que el miércoles. ¿Dónde estaba esa gente, que durante el día, circula por la ciudad como hormigas?.
No cabe duda de que los apaños que se le han hecho al desfile han funcionado bastante bien. Era una delicia la zona de tránsito de Guillem de Castro sin aquellas aglomeraciones y malas caras de no hace tanto tiempo. Por supuesto, no se pueden evitar las caminatas de aquellos que proceden de Patraix, Roqueta, Russafa u otros barrios que no cogen el autobús para desplazarse al acto.
El caso es que el festejo se ha atemperado. La Fallera Mayor Infantil, Ariadna Galán, acabó el acto del día 17 sobre la 13,30. Teniendo en cuenta que le tocaba la tanda larga de comisiones, eso quiere decir dos horas menos que Marta Agustín el año pasado, que le tocó esa cantidad de gente pero en el día 18
En esa primera sesión, el número de participantes fue de 50.348 falleros y 4.322 músicos. Sobre estas cifras, y teniendo en cuenta, que, al cierre de está edición habían desfilado ayer unas 33.000 personas, habrá que llegar a la conclusión de que quizá si, alguién pierde, serán los propios falleros. En el sentido de que se les pueden caer de la convocatoria algunos de esos que sólo se apuntan, previo pago, para el desfile.
De todos los extremos de la ciudad, del Cabanyal a Patraix y de Velluters a Benimaclet, falleros y falleras volvieron a escribir sus pequeñas o grandes historias. Con la sensación de que la Ofrenda puede ser simplemente un acto y no un problema