MÓNICA ROS VALENCIA
Hace 20 años en la Devesa del Saler valía prácticamente todo. Los domingueros tomaron el bosque mediterráneo situado entre l'Albufera de Valencia y el mar sin abanderar el respeto al medio ambiente que hoy se vive. Un espacio idílico sin prohibiciones ni restricciones para pasar los fines de semana o las vacaciones.
Durante los años 70 y 80, el que mostraba un mayor respeto por la naturaleza se limitaba a colgar la bolsa de basura en un pino. Pero el entorno acompañaba. Un camping municipal de 114.000 metros cuadrados que se convirtió en el símbolo de lo que no se debe hacer, una playa con paseo marítimo elevado y una zona de aparcamiento que hoy, al volver la vista atrás, corta la respiración. Los vecinos de Valencia tenían -y tienen- a escasos kilómetros de la capital un bosque mayoritariamente de pinos mediterráneo sobre las dunas. Y lo aprovechaban al máximo.
La playa, a un paso, para darse un chapuzón, tomar el sol o dar largos paseos por la costa. Y una frondosa pinada, en la otra parte, para acampar, hacer meriendas, empinar el "catxerulo" de pascua o dormir la siesta "a la fresca".
Quien recuerda aquellos años tiene un buen sabor de boca. Las consecuencias medioambientales quedan a un lado para recordar la convivencia entre las familias o parejas y las anécdotas que, sin duda, protagonizaron los miles de valencianos y turistas que encontraban en la Devesa un lugar sin igual.
Un lugar de recreo
El paraje de l'Albufera comenzó a considerarse como un lugar de recreo para los vecinos de Valencia y de otras localidades cercanas a principios del siglo XX. En los años 70, incluso, se construyó un lago artificial (con agua del mar y también de l'Albufera) como pieza ornamental de la urbanización de una zona. El proyecto, finalmente, no salió adelante, y como si de una premonición se tratara las restricciones y los decretos proteccionistas comenzaron a surgir con la firme intención de preservar uno de los parajes más bellos de la Comunitat Valenciana.
En febrero de 1997, el Ministerio de Medio Ambiente, a través de la dirección general de Costas, comenzó el derribo del tramo sur del antiguo paseo marítimo, justo enfrente a la zona ocupada por el camping municipal. Luego llegó el turno del tramo norte, el de los viales y el del aparcamiento para miles de vehículos.
Los trabajos se iniciaron con un presupuesto de más de 1.500 millones de pesetas y permitieron ganar entre 10 y 20 metros de playa que quedó integrada, además, mediante un cordón de dunas regeneradas con la vegetación autóctona del parque natural de l'Albufera.
Adiós al camping
Dos años después llegó el turno del ayuntamiento, que decidió cerrar el camping municipal, anular los contratos de los campistas y desmantelar las instalaciones "de obra dura". Las más de diez edificaciones que fueron derribadas -junto con la demolición de canalizaciones- significaron el adiós a otros tiempos y a otras maneras de entender el urbanismo y el medio ambiente.
De lo que hubo, a lo que hay se encuentra un abismo. Sin embargo, y a pesar de las restricciones, el ayuntamiento ha realizado algunas obras durante la última década que han sido criticadas por los defensores del Medio Ambiente como fue la construcción de un parque de bomberos en suelo protegido.
La Devesa del Saler ha pasado de ser un espacio donde se podía realizar una barbacoa para 15 comensales bajo los pinos a no permitir que se arranque ni una rama.
Eso sí, antes y ahora, los vecinos continúan disfrutando del bosque de pino y monte bajo. Caminos habilitados para senderismo y merenderos de madera entre los árboles dan servicio a aquellos vecinos y turistas que continúan visitando y disfrutando, fin de semana tras fin de semana, el paraje natural. Sin embargo, la conciencia con el medio ambiente y el respeto por la protección del parque ha acabado con las malas costumbres que hicieron que, en su día, fuera la propia vecindad del Saler la que advirtiera del peligro al que se estaba exponiendo la zona.
La Devesa cuenta ahora con el máximo nivel de protección. Garantía segura del disfrute para futuras generaciones.
La basura que descubre el fuego
El último incendio del Saler arrasó 2,5 hectáreas en la zona boscosa donde antaño se ubicó el camping municipal. Las llamas calcinaron el bosque y sacaron a la luz restos de aquellos fines de semana en los que las familias y los amigos se juntaban en la Dehesa del Saler y generaban, sin ser conscientes de ello, grandes cantidades de desperdicios y basuras. La conciencia por la preservación del medio ambiente dejaba mucho que desear, y en ocasiones, la manera de "conservar limpio" el bosque consistía en acumular la basura en un punto concreto en un intento de ensuciar lo menos posible, tal como muestra la imagen superior. Bajo la superficie calcinada apareció la semana pasada una especie de "yacimiento dominguero" con latas, botellas de cristal e incluso el armazón de algunas sillas portátiles, como muestra la imagen inferior. Marcas de cerveza o gaseosa como la Turia o la Señera, ya desaparecidas, recuerdan la importancia de disfrutar del bosque y mantenerlo limpio. m. ros valencia