07 de septiembre de 2015
07.09.2015
Las nuevas tejedoras

Abrigos de lana para los árboles

Un grupo de diez mujeres se reúne cada día en la calle Ramón Campoamor, en la zona del Cedro, para recuperar la tradición del ganchillo con ovillos y agujas

07.09.2015 | 03:34
Abrigos de lana para los árboles

Las mujeres defienden que «vestir» a los árboles con ganchillo no es perjudicial para ellos, sino, muy al contrario, una forma de «humanizarlos». Los vecinos de la zona están encantados de momento con esta iniciativa, ya que embellece el parque y le aporta un toque de singularidad.

La tradición de pasar las tardes con ovillos, agujas y toda clase de lanas regresó convertida en moda hace un par de años, y lo hizo para quedarse. En el barrio del Cedro, en la calle Ramón Campoamor, cada tarde de jueves un grupo de unas diez mujeres se reúnen entre cafés y copas de vino para rememorar esas técnicas que un día sus madres les obligaron a aprender y que ahora se han convertido en su pasatiempo favorito.

La historia de las Tejesoreteras, como se llama este grupo, está totalmente ligada al Soret, un café del barrio en el que todas viven.
Marta es de las más jóvenes del grupo con sus 36 años y es la que impulsó su unión. Ella empezó a tejer cuando estaba embarazada, como medio para entretenerse durante los pesados últimos días del embarazo. En aquel momento, hace ya más de siete años, tenía en la barriga a Andrea, la benjamina del grupo que también se une cada semana a las tejedoras incansables. «Esto empezó de forma espontánea y ahora somos como una auténtica familia», relata Marta.

Su proyecto más reciente ha sido «vestir» a un árbol del parque que está enfrente del café Soret. «A mí me hacía ilusión que hiciesen algo así porque nosotros siempre les hemos apoyado y es una seña de identidad», cuenta Javier, dueño del local. Para vestir al árbol cada una tejió libremente cuadrados de 25x25 con el estilo y la técnica que prefirió. Ante el éxito de la medida, su próximo plan y en el que ya están trabajando es engalanar la palmera vecina del árbol. El procedimiento es el mismo: medir el diámetro del árbol, calcular cuántos cuadrados hacen falta, empezar a tejer y, una vez estén todos disponibles, coserlos para unirlos.

La idea la cogieron del pozo sin fondo de internet. «Nos pasábamos fotos de árboles que encontrábamos por ahí y pensamos que por qué no hacíamos nosotras lo mismo», explica Maria José, una de las Tejesoreteras. Pero no quieren que este sea su último proyecto, ya que tejer allí es «como una terapia» para ellas.

El grupo no es cerrado. De hecho en el bar y en Facebook se cuelgan mensajes animando a cualquiera a unirse a este club. Saber tejer, no es condición indispensable porque les encanta enseñar. Amparo, por ejemplo, se define como una groupie, porque de técnica no sabe mucho, pero le encanta pasar las tardes allí.

También las hay que, sabiendo, habían abandonado la actividad hace tiempo. «Hacía cuarenta años que no tocaba las agujas y fue conocerlas y reengancharme», cuenta Fina. Lo mismo le sucede a Merche que, como muchas otras mujeres, aprendió a tejer y coser por obligación: «Mi madre me decía que tenía que ser muy hacendosa y saber de todo. No me gustaba, pero ahora es mi tarde favorita de la semana», explica animando a cualquiera que tenga ganas de pasarlo bien a unirse a este singular club.

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