09 de noviembre de 2015
09.11.2015
Barandillas con historia

Las otras vallas de la polémica

Calatrava ordenó retirar una defensa que el consistorio había instalado en la Peineta Unas vallas metálicas en el Puente de la Trinidad lo mantuvieron cerrado varios años

09.11.2015 | 03:37
Las otras vallas de la polémica

La valla que la Catedral ha decidido instalar en el Micalet no es la única que ha causado polémica. La instalada en el Pont de la Exposició a mediados de los 90 o las del Puente de la Trinidad, que obligaron a tener cerradas las escaleras varios años, son otros ejemplos.

Valencia tiene una curiosa historia de vallas polémicas. La defensa de metal galvanizado que la Catedral ha instalado en la parte superior del Micalet pese a no tener un informe positivo de la Dirección General de Patrimonio de la Conselleria de Cultura no es la primera.

Tras cuatro años de construcción, el Ayuntamiento de Valencia inauguró en 1995 el Pont de l'Exposició, que une la calle Justicia y la plaza Porta de la Mar y el Paseo de la Alameda. Meses más tarde, el consistorio detectó que había grupos de jóvenes que escalaban los 14 metros de altura del puente, jugándose así la vida. Así que desde el ayuntamiento decidieron instalar una valla formada por varias barras de metal que terminaban en punta para evitar que se trepara a lo más alto del puente.

Duró poco. El arquitecto Santiago Calatrava, que había firmado el puente, la vio y la mandó retirar al instante. Propuso, en su lugar, una valla baja más acorde con la estética del puente pero que no evitaba la escalada a la Peineta. En junio de 1995, los operarios municipales instalaban la barandilla blanca y retiraban la valla con pinchos que sí disuadía a los jóvenes de escalar el puente.

El caso del Puente de la Trinidad es distinto. El proyecto de remodelación de la pasarela incluía la recuperación de las escaleras medievales que unían el puente con el cauce del Turia. Así se hizo. Sin embargo, a principios de 2009 se instalaron unas barandillas metálicas que fueron ampliamente criticadas „junto a la piedra usada para la obra, más clara que la del puente„ por arquitectos y grupos de protección del patrimonio.

El consistorio no recepcionó las obras por problemas de seguridad debido a que los escalones, originales del siglo XV, estaban en muy mal estado. Además, las barandillas metálicas no ofrecían suficiente asidero. Sin embargo, tras cuatro años cerradas al tráfico de personas precisamente por estos problemas, en verano de 2013 el ayuntamiento las abrió con carteles que advertían de la «peligrosidad» de unas escaleras en la que muchos escalones se encontraban en muy mal estado por el paso del tiempo „los que estaban impracticables se cambiaron por otros nuevos, de piedra más clara que la original„.

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