El plan del Ayuntamiento de Valencia para sustituir en los próximos años todo el alumbrado de la ciudad contempla una reducción media estimada de la potencia de luz cercana al 60 por ciento, y la sustitución de unas 8.000 farolas. De momento serán las pedanías de la ciudad las que se van a beneficiar de estas mejoras en la iluminación de las calles, lo que además permitirá reducir la tan criticada contaminación lumínica que genera el cap i casal.

El gobierno del tripartito se ha propuesto durante este mandato un plan inicial que consiste en cambiar más de 6.500 farolas esféricas „prohibidas por un Real Decreto aprobado en 2008„, sustituir más de 15.800 bombillas de 250 vatios por otras de 90 y eliminar más de 1.400 farolas de tipo autovía que aún quedan en la ciudad. Hay que recordar que Valencia cuenta en la actualidad con 106.974 puntos de luz en las calles.

Para afrontar esta importante reconversión en el alumbrado, el consistorio necesitará unos 4 millones de euros que pretende financiar a través de un crédito al 0% de interés que ofrece el Instituto para la Diversificación y Ahorro Energético. Sin embargo, el equipo de gobierno de Compromís, PSOE y València en Comú ha heredado un consistorio del PP que supera el límite de deuda establecido por la ley y deberá esperar a que se regule su situación para optar a este préstamo.

El Ayuntamiento de Valencia se ha marcado dos objetivos claros con este cambio de modelo en el alumbrado público. Por una parte reducir la contaminación lumínica, con lámparas „bien led o halógenas„de luz cálida y con menos potencia; y por otra la reducción drástica de la astronómica factura de la luz anual. Tan solo el año pasado, el gasto en iluminación exterior ascendió a más de 9,1 millones de euros.

El concejal del área de Gobierno Interior, Sergi Campillo, considera que si se completa esta fase inicial del plan de reconversión de la iluminación de la ciudad, las arcas públicas se ahorrarían 1,8 millones de euros anualmente, «lo que significa que podríamos dedicar más recursos para las personas en servicios sociales y mejorar otros aspectos de la ciudad, además de reinvertir en nuevas infraestructuras».

La ciudad más contaminante

Lo cierto es que lo datos actuales de la ciudad son preocupantes. Valencia tiene el dudoso honor de ser la urbe europea que más brilla desde el espacio según la intensidad por metro cuadrado, es decir, la de mayor contaminación lumínica. Resplandece el doble que Madrid o Barcelona, pero con una cuarta parte de la población de éstas. En la época en la que el Ayuntamiento de Valencia estuvo gobernado por el PP y justo antes de que se comenzaran a aplicar necesarias restricciones en la enorme factura de la luz, el consistorio liderado por Rita Barberá gastó desde 1992 hasta 2010 la cifra de 160,1 millones de euros para instalar farolas, mantenerlas y conservarlas. Si se le suma la factura del consumo energético, el coste de tener la ciudad «mejor iluminada de Europa» ascendió a 230,6 millones de euros.

Un plan que arranca ya

El plan de transformación del alumbrado arranca este mismo mes en siete pedanías de la ciudad con un coste de casi 900.000 euros. Esta actuación avanza los objetivos del proyecto general para la ciudad. De media se reduce el 60 % de la potencia con la utilización lámparas de sodio y leds con luz cálida „la luz blanca se ha demostrado que altera los ciclos vitales de personas, plantas y animales„. En algunas zonas, como en la playa de Pinedo, se usarán sistemas de detección de movimiento, de tal manera que a partir de las 12 de la noche si no hay presencia humana, las farolas se apagarán. Otra novedad será el empleo de un sistema antirrobo, aunque solo se instalará en los pueblos del sur y en zonas como el bulevar sur donde la densidad de población es menor.