28 de diciembre de 2015
28.12.2015
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Cuando Gulliver pudo abrir el río al mar

El conseller de Turismo de entonces, Andrés García Reche, recuerda la idea de construir un lago artificial similar al del Parque de Cabecera o al del Retiro de Madrid

28.12.2015 | 01:45

A principios de los noventa, dentro del proyecto de construir el Gulliver, de cuya creación se cumplen ahora 25 años, había una propuesta que cayó en el olvido. Consistía en crear, en la desembocadura del viejo cauce, un parque con un gran lago de agua dulce o salada. Esta es su historia.

Pocos enclaves de la ciudad ejemplifican tan bien la Valencia de los 80 y 90 como el Gulliver. El parque infantil, que este año cumple un cuarto de siglo de vida desde que se inauguró en 1990, fue uno de los grandes éxitos de la Valencia socialista, gobernada desde el ayuntamiento por Clementina Ródenas y desde la Generalitat por Joan Lerma. Pero lo que pocos conocen es que dentro del proyecto del Gulliver había también un proyecto para abrir la desembocadura del río de nuevo al mar con un parque con un gran lago similar al que hay ahora en el Parque de Cabecera o en el Retiro de Madrid.

Andrés García Reche, a la sazón conseller de Industria, Comercio y Turismo, descubrió el proyecto del Gulliver en el casal de un artista fallero, como el arquitecto Rafa Rivera, que había sido municipal hasta 1987 y que estaba en conversaciones para llevarse el parque a Barcelona en ese momento, contó ayer en este diario. Al conseller le gustó y puso en marcha el proyecto, aplaudido por Ródenas. Dentro de ese proyecto de parque urbano había otra idea que finalmente se descartó: la creación de un lago artificial en la desembocadura del río que permitiría practicar en él distintos deportes de remo, de una manera similar al lago del parque del Retiro de Madrid.

«Ese proyecto estuvo encima de la mesa, yo lo he visto en el Instituto Turístico Valenciano „precursor de la actual Agencia Valenciana de Turismo„», explica García Reche. «La idea era crear una zona enorme, aprovechando las condiciones naturales que tiene el cauce, para volver a meter agua en el río», comenta.

«No es tan complicado, no parece caro», explica el exconseller, recuerda que el Gulliver costó poco más de un millón de euros: «Fue barato, utilizamos nuestros recursos».

Aunque García Reche no recuerda los datos más específicos del proyecto, sí hace hincapié en que más allá del lago, en torno a él se preveía todo un jardín, un parque que rodeara la zona de agua. El tiempo quiso que el proyecto se «recuperara» de cierta manera en el Parque de Cabecera, 17 kilómetros río arriba. «Es lo más parecido que hay en la ciudad, sí», asegura, y señala que la idea «aún hoy» podría recuperarse.

Sin embargo, el lago artificial finalmente no vio la luz. Los motivos son variados: García Reche apunta al cambio político que se dio en el Ayuntamiento de Valencia en 1991, cuando llegó al poder Rita Barberá, pero también cabe destacar que fue en 1989 cuando Joan Lerma propuso, siguiendo la idea de José María López Piñero, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universitat de València, de instalar un museo científico en la zona del río más próxima al Camí de les Moreres, la entrada a Natzaret. Esta idea se acabaría concretando en la Ciutat de les Arts i les Ciències.

Como nota curiosa, la formación Som Valencians, que en las elecciones municipales consiguió 3.016 votos, llevaba en su programa una propuesta similar para convertir en navegable el cauce del Turia en la zona más cercana a Natzaret.

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