19 de mayo de 2016
19.05.2016
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Colas de fervor en el besamanos

El multitudinario acto de agradecimiento a la Virgen de los Desamparados vuelve a congregar a unas 30.000 personas - Los parasoles de la mañana se cambiaron por paraguas para la lluvia durante la tarde en otra demostración de pasión religiosa

19.05.2016 | 00:32

El Besamanos a la Virgen de los Desamparados rompe todos los registros año tras año. Cuando a las siete de la mañana de ayer abría sus puertas la basílica, más de setecientas personas esperaban para ser las primeras en acceder al recinto sagrado. Llevaban desde la noche anterior haciendo cola en la Plaza de la Virgen. El doble que el año pasado. Casi doce horas de espera que para los más devotos apena se hacían sentir. La imagen procesional de la Virgen de los Desamparados, ubicada en el presbiterio, en el centro del altar mayor, lucía este año un manto blanco roto con flores, donado por un vecino de Albal en contraste con el azul del año pasado y regalado por una vecina de Valencia, que prefirió guardar el anonimato. Una estampa, para cada fiel, se antojaba ayer el mejor «recuerdo» de un día siempre cargado de emociones, de peticiones y agradecimientos a la Geperudeta. Al mediodía, las 13.000 estampas se habían agotado.

Hace trece años que este acto, cargado de fervor y simbolismo, se celebra por iniciativa de la hermandad de Seguidores de la Virgen y al visto bueno del rector de la Basílica, Juan Bautista Antón. La respuesta, desde el primer día, nunca dejó lugar a la duda. Todos los año se superan los 30.000 asistentes, que aguardan pacientemente su turno para mostrar su fe ciega en la patrona. Un voluntario se encarga de limpiar la mano de la Virgen «para mantener la máxima higiene posible», explica cada año el presidente de los Seguidores de la Virgen , Juan Arturo Devís. El templo volvió a permanecer abierto hasta que el último devoto rindió su particular homenaje a la Virgen.

Ayer, por tercer año consecutivo, dos mujeres fueron las primeras afortunadas. Concha, devota vecina del barrio valenciano del Marítimo, de 74 años, fue la primera en entrar en el templo, tras guardar turno en la cola durante once horas, desde las 20.00 horas del martes, según apuntaba el Arzobispado en un comunicado. « Vimos a través de la ventanita de la puerta de la Basílica, cómo bajaban la imagen y la arreglaban, es precioso», comentaba Concha, antes de entrar, «muy feliz porque la señora que ha bordado el manto de la Virgen nos ha regalado un trozo de tela bendecido», explicaban. Muy «emocionada y temblando», manifestaba que acudía «por una promesa que hice, para pedir por mi nieta y todos los niños enfermos, y por las familias sin techo y sin recursos, para que la Virgen nos dé salud y trabajo».

Asimismo, también por tercer año consecutivo, la segunda y tercera persona en entrar fueron María Luisa, una valenciana residente en Francia venida expresamente, y Emilia. María Luisa una vecina de la calle Sagunto, de Valencia, aunque actualmente reside en Francia, llegaba a la cita «con mucha ilusión, por el besamanos, para pedir por mis hijos y las personas que tienen necesidad». Mientras, Emilia, junto a sus dos hijos y su marido, entró en tercer lugar tras esperar desde las 22.00 horas del martes «para pedir salud y trabajo», confesaba.

La nota más tierna llegó temprano, sobre las 7.15 de la mañana, cuando pasó ante la patrona la primera bebé de la fila, Iris, de 9 meses, en brazos de su madre Jéssica, de 28 años, natural de Albal y que vive en Alaquàs, que ha venido por primera vez al besamanos «para traer a mi hija y pedir por ella» tras esperar en la cola desde las 5 de la madrugada.

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