03 de junio de 2016
03.06.2016

Por una Russafa para los vecinos

03.06.2016 | 04:15

El malestar del vecindario por el devenir de Russafa viene de lejos. Pasó de ser un barrio singular, con pocas zonas peatonales, pero eso sí, tranquilo y con un tejido de comercio de proximidad bien asentado, a ser un barrio «reurbanizado» con zonas peatonales y sobre todo muchas terrazas que lo han convertido en la zona de moda. Se anunció desde las instituciones que el objetivo de la remodelación era mejorar la calidad de vida aumentando el espacio peatonal para conseguir un barrio más amable reduciendo el ruido y la contaminación. Se ha conseguido lo contrario. El anterior consistorio estableció como medidas preventivas a la saturación hostelera del barrio la limitación en la apertura de nuevos establecimientos hosteleros con la Modificación del Plan Especial de protección de Ruzafa Sur-Gran Vía que entró en vigor en diciembre de 2014. Con la normativa se perseguía «un esponjamiento de los locales de tal manera que existan unos máximos a partir de los cuales no se puedan implantar más locales del mismo tipo en el ratio señalado al efecto y respetando las distancias mínimas entre locales». La modificación del plan de protección debía tener un carácter preventivo para evitar la acumulación de este tipo de actividades. Cuando las cosas se hacen tarde y mal los resultados son opuestos a los esperados. Hecha la ley hecha la trampa. Los espabilados de siempre se apresuraron a hacer acopio sin límite de simples solicitudes de licencias antes de la aplicación de la norma, amparándose en la laxitud existente sobre el procedimiento de apertura de nuevos locales, la conocida «licencia express». Así, numerosas solicitudes quedaron durmientes, en locales sin actividad pero «con licencia provisional» y se han ido sacando desde 2014 hasta la actualidad, de manera que no pasa día en que no veamos la aparición de un nuevo local en Russafa. Eso sí, cada uno de ellos con su derecho a terraza, aunque la autorización municipal de terraza se haya realizado después de la entrada en vigor de normativa de limitación de locales. El resultado es que hoy hay más locales que había antes de la aplicación del plan de protección. Si en el 2014 había 277 bares/cafeterias/restaurantes, 17 Disco-pubs y 3 discotecas, a día de hoy, y aunque no disponemos de datos oficiales, en Russafa debe haberse rebasado la cifra de 350 y las terrazas ya superan las 225. Y eso sin contar con los llamados apartamentos turísticos que están proliferando como setas por el barrio.Ante esta situación, ¿qué actitud debe esperarse de los vecinos de Russafa que ven cómo su barrio pierde su identidad para convertirse un macro-local de juerga nocturna? Alguna vez escuché decir al actual alcalde de Valencia que le gustaría que nuestra ciudad se pareciese a Viena. ¿Realmente cree Joan Ribó que la Russafa de hoy se parece a un barrio de Viena? A ciertas horas de la noche algunas calles del barrio más bien se parecen a Magaluf en Palma de Mallorca. La reurbanización y peatonalización no puede ir sistemáticamente acompañada de su ocupación masiva por terrazas de bares y restaurantes. Algunos vecinos han empezado a organizarse en torno al colectivo «Russafa descansa» con el objetivo de proteger los derechos ciudadanos más básicos entre ellos el derecho al descanso. Y eso pasa por reclamar aquel barrio que se nos prometió un día y que nunca llegó a materializarse. Un barrio donde vivir, con diversidad comercial en torno a su mercado, con hostelería pero no solo hostelería, y menos aún, solo con hostelería nocturna, que expulsa no solo vecinos sino cualquier otro tipo de modalidad comercial del barrio. En Russafa vive gente que opta por «otros estilos de vida». Se está jugando con el entorno de nuestros hijos e hijas, de nuestras personas mayores y de todos nosotros. ¿De qué sirve la lucha vecinal por la recuperación de espacios públicos y la dotación de equipamientos como la escuela de Puerto Rico si las familias acaban por dejar el barrio? Desde Russafa descansa pedimos una apuesta clara por parte de las instituciones para llevar a cabo un plan de choque contra la «festivización» continuada, que implique la limitación en las autorizaciones de terrazas, el cumplimiento estricto de la normativa vigente sobre limitación en la apertura de locales de hostelería y un mayor control.

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