26 de junio de 2016
26.06.2016
Vidas de barrio

Paco cierra la droguería

Uno de los comercios más antiguos del barrio de Jesús echa el cierre por jubilación del dueño, Paco Muñoz, tras 42 años, que ha visto evolucionar la vida del vecindario

26.06.2016 | 04:15
Paco cierra la droguería

Vidas de barrio. Los comercios de barrio son una especie a extinguir. En los próximos días cierra sus puertas un santo y seña del barrio de Jesús: Droguería y Perfumería Muñoz. Acaba la historia de un negocio y, en parte, de toda una barriada.

Cuando una tienda cuelga el cartel de «Liquidación Total», mala cosa. Pero no siempre. La Droguería y Perfumería Muñoz, un pequeño espacio en una esquina de la calle Jerónimo Muñoz, cierra tras 42 años. Un símbolo de una forma de entender el comercio de barrio. Un superviviente. «Cuando yo abrí éramos seis droguerías en la contornada. Ahora sólo quedaba yo y también me voy».

Paco Muñoz, el dueño de Muñoz, «la droguería de Paco», ya ha cumplido 65 años y el cierre o traspaso del negocio no es por ahogo, sino porque empieza para él una nueva vida. Y lo hará tras sortear todos los avatares imaginables: la lucha contra las grandes superficies y contra las tiendas asiáticas. «¿Cómo lo he hecho? Pues permitiéndome muy pocos lujos, haciéndomelo yo todo y no colgando nunca el cartel de «cerrado por vacaciones».

Desaparece, a pocos metros del Mercado de Jesús, un vestigio de otra época. En sus estanterías, que poco a poco empiezan a vaciarse de género, se agolpan productos que rememoran otra época. De EGB y dos rombos. Marcas que parecían desaparecidas pero que aquí sí que descubres que todavía existen. Gior («un poco de pasta, basta»), Simpatía («fresca y natural. De Dana»), Casa Jardín («uno para todos»), Petit Cheri («lo tiene todo para su pequeñín»), Viker («no tiene rival»), Orion, Tulipán Negro, Vim Clorex, S3, Tulipán Negro o Domestos.

«Estaré hasta el mes de julio, pero la verdad es que cada día me pone más triste ir viendo cómo se vacían las estanterías». Algunas tienen precios de oferta y a pesar de que está en liquidación, el género nuevo todavía entra. En apenas unos minutos, dos clientas le piden pinzas para las cejas, que les promete para esa misma tarde. «Tengo que dar servicio hasta el final».

Es imposible imaginar el número de artículos diferentes que pueden caber en la pequeña planta baja que le pusieron los padres cuando apenas era un veinteañero. «Trabajaba de jefe de ventas y tenía que viajar mucho. A mis padres no les hacía ninguna gracia que estuviera todo el día con el coche y una vez, estando en Jaén, cogieron el traspaso de la droguería y cuando regresé me encontré con que ya estaba preparada para que empezara a llevarla». Y así será hasta dentro de un mes. Casi medio siglo de alquiler (no oculta lo bien que le habría venido comprar el bajo, pero los dueños nunca lo necesitaron) y viendo pasar la vida. «Aquí he visto cómo la gente nacía, se hacía niño, mayor, se casaba, se iba para siempre?» y cómo ha evolucionado el barrio. A su izquierda ahora serpentea la calle Carcagente. Antes era el muro del «trenet», cuya estación de Jesús está a apenas unos metros, no muy lejos de la fatídica parada del metro, ahora de Pintor Sorolla. «Me he criado con el pitido del tren. Ahí delante, en Carretera Escrivá, había un paso a nivel, luego el de la calle Jesús?». Y aún recuerda cómo, antes de la crisis, él y toda la calle pasó la suya propia cuando «estuvimos tres años con las obras del aparcamiento. Ahí cerró mucho negocio».

Una clientela fiel

En el rato en que rememora la historia de su vida, el goteo de clientas es incesante. Todas (porque es clientela femenina en su gran mayoría) le hablan por su nombre de pila. Es una clientela absolutamente fiel, de un perfil de edad muy parecido y de compras «de un producto o dos. El chico o la chica joven no entra. Va más a los grandes supermercados». Un par de atracos forman parte de la breve crónica amarga de un comerciante que se marcha «feliz por lo que he hecho y lo que he vivido».

Es escéptico sobre el mundo de la droguería y la limpieza. «Antes los productos eran estupendos y ahora son menos estupendos. Me sabe mal cuando veo marcas de toda la vida que las compran grandes multinacionales. Mantienen la marca comercial pero luego ves que el producto ya no es el mismo de hace veinte o treinta años». La vida y las costumbres van cambiando aunque en el recuerdo le quedan productos que le han acompañado toda la vida. Querencias, muchas, como «el jabón de Heno de Pravia de toda la vida» o casos muy de aquí como «las bolsas de jabón Viker. ¡No habré vendido en esta tienda! Pero es para un tipo de cliente que se va haciendo mayor». Incluso apunta que ya no se encuentra el estropajo Ajax. Le duele por el negocio. «No hace tanto tiempo éramos 700 drogueros en la ciudad. Ahora no quedarán más de 150». Más bien, 149 cuando acabe julio.

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