11 de julio de 2016
11.07.2016

Cuando en Valencia no había estación de autobuses

11.07.2016 | 04:15

Aún recordamos los años cuarenta y principio de los cincuenta cuando en Valencia no existía una estación de autobuses. Los vehículos aparcaban en lugares diferentes, y no existían locales restringidos.

Junto a las Torres de Serranos aparcaban los autocares de línea que viajaban a pueblos próximos; aun recordamos que para viajar al Puig de Santa María íbamos allí, frente a la Casa de los Caramelos, para subir al autocar.

Cierto que muchos pueblos y ciudades de la provincia disfrutaban tranvías que les llevaban desde la capital; así, Aldaia, Alaquàs, Paterna, Torrent, Godella, Burjassot, etcétera?; algunos de ellos, además, estaban comunicados con la capital de la provincia por medio del «trenet».

Existía, eso sí, una estación solamente para una línea de autobuses; estaba en la calle de Xàtiva, frente al Instituto «Luis Vives» -bueno, un poco mías cerca de la siguiente esquina-, y era el de Auto Res, que hacía el trayecto de Valencia a Madrid. Estos modernos autobuses entraban en el inmueble por una puerta, se estacionaban en el interior -no había espacio para muchos coches, pero tampoco hacia falta mas- y salían por la puerta contraria. Pero la verdad es que resultaba un poco revuelto el sistema, y para el usuario era difícil saber donde encontrar el autobús que le llevara a tal población, salvo que lo conociera de antemano. Y se planteó la necesidad de establecer un espacio suficiente para todas las líneas, con oficinas, aparcamientos, bar para las esperas y todo lo demás.

Una temporada -apenas si llegamos a enterarnos- se establecido la que se llamó «Estación Sur», que prácticamente no fue mas que un espacio abierto. Y fue el alcalde Adolfo Rincón de Arellano quien en la segunda mitad de la década de los años cincuenta -del pasado siglo- tomó la decisión de montar una terminal junto a la orilla del Turia, en la avenida de Menéndez Pidal, donde se levantó la actual estación, que tiene espacios suficientes para taquillas, oficinas, descanso en la espera y numerosos aparcamientos para los autocares que llegan y que van a salir, para que accedamos a los mismos los pasajeros.

Esa creación supuso una enorme mejora; y no zoclo porque un desconocedor de las líneas puede informarse allí fácilmente; es que además la nueva estación ha abierto la posibilidad de nuevas líneas; basta llegar allí y, junto a todos los trayectos nacionales, ya vemos anunciadas también líneas a numerosas ciudades europeas y del norte de África.

Y, de momento, no se echa en falta un mayor espacio para nuestro autobuses; al cabo de prácticamente medio siglo, la Estación de Autobuses está siendo suficiente.

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