23 de agosto de 2016
23.08.2016
Fiestas

La encrucijada de las "Joies"

Más de mil personas asisten al estreno de las «Corregudes» de Pinedo, todavía sin protección oficial

23.08.2016 | 00:58
La encrucijada de las "Joies"

Las «Corregudes de Joies» de Pinedo son la estrella de su «Festa grossa». Una tradición con varios siglos de recorrido que premia con un pañuelo (la joia) al jinete o amazona más rápido sobre la arena de la playa de este Poble de València. Cabalgan a pelo y está prohibido espolear o fustigar al caballo. Así de puro y así de bello. Un tesoro de las tradiciones autóctonas que cada vez más valencianos descubren en la pedanía del sur. Ayer más de mil personas se arremolinaban a ambos lados de la pista donde se realiza la exhibición. Porque no es una competición. No hay premio en metálico, porque es un desafío entre caballeros.

Pero las Corregudes de Joies viven su particular encrucijada. Apenas cinco personas mantienen viva la tradición a través de la Associació de Sant Antoni, organizadora del evento. Son personas mayores, que soportan con más voluntad que medios la fiesta, pero les falta estructura para que esta celebración se convierta, como anhelan, en Fiesta de Interés Turístico o, por qué no, Bien de Interés Cultural. Es cierto que la Fundació Esportiva Municipal inyecta una subvención esencial y que el Ayuntamiento de Valencia ofrece los medios que faltan, como Policía Local, pero resulta a todas luces insuficiente para que la exhibición adquiera el rango que se merece.

«No passa res perquè Déu no vol», confesaba el locutor de les Corregudes de Joies, Francisco Sáez, también presidente de la Associació de Sant Antoni. Y es que el éxito en cierto modo les desbordó. Ayer, en el primer día de carreras, cientos de personas desconocían el protocolo. La pista está solo limitada por unas banderas, y apenas unos pocos efectivos de Policía Local y Guardia Civil controlan a la muchedumbre que se acerca a presenciar el espectáculo cuando la tarde cae. Con más medios y organización, la fiesta luciría doblemente. El alcalde accidental, Vicent Sarrià, asistió a la cita y expresó la necesidad de «proteger este patrimonio cultural». Los trámites se iniciaron hace dos años, y aunque cada vez atrae más público, todavía no goza del reconocimiento institucional necesario.

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