22 de septiembre de 2016
22.09.2016
Puerto de Valencia

Un inversor quiere franquiciar el "beach club" en diez ciudades

Un grupo extranjero quiere construir réplicas del establecimiento Dubai, Miami o Las Vegas

22.09.2016 | 04:15
El empresario Antonio Calero, en el club de playa de la Marina de Valencia.

Un grupo inversor extranjero ha hecho una oferta a la empresa concesionaria del club de playa de la Marina Real Juan Carlos I para comprar los derechos de imagen del local con el objetivo de crear réplicas exactas de este establecimiento en diez ciudades, entre ellas, San Diego, Miami, Los Ángeles, Las Vegas, Santa Mónica, Marbella y Dubai , así como en Qatar. La oferta económica que ha recibido el gerente del establecimiento, que empezó a funcionar el pasado mes de febrero, no ha transcendido. La negociación se está llevando a cabo a través de un conocido bufete de abogados español.

La posibilidad de comprar derechos de imagen de locales ubicados en la marina real de Valencia no se había planteado hasta la fecha, si bien las fuentes de este organismo consultadas explicaron que la venta de los derechos de marca de las empresas concesionarias escapa al ámbito de competencia del consorcio. «Nos alegramos de que a nuestras empresas concesionarias les vaya bien e incluso podría ser bueno para la proyección de Valencia que el club de playa tuviera franquicias en otras ciudades».

El Consorcio ha adjudicado el contrato para la renovación de la imagen de marca de la marina a los diseñadores valencianos Antonio Ballesteros y Enrique Casp. Un total de 40 diseñadores optaron al concurso para renovar la imagen de la marina y contextualizarla con los nuevos tiempos, un proceso en el que está previsto consolidar una nueva denominación. Sin perder el nombre oficial de Marina Real Juan Carlos I, la nueva marca de este enclave dará protagonismo a la denominación más local y popular de Marina Valencia.

El nuevo equipo directivo del Consorcio Valencia 2007, con Vicent Llorens al frente, está ultimando los pliegos de condiciones para la privatización de la gestión de los amarres. Una decisión que se enmarca dentro del nuevo plan de usos del consorcio que apuesta claramente por la náutica y la innovación, así como por los usos lúdicos y ciudadanos. En el contrato para la gestión de los amarres está prevista una ampliación del número de los mismos.

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