01 de octubre de 2016
01.10.2016

El curso empieza sin arroz

Miles de jóvenes universitarios acuden a la fiesta de bienvenida, que cambia el concepto y el lugar

01.10.2016 | 04:21
Vídeo: Arturo Iranzo.

«Lo único que queremos es que todo acabe bien, que sea como hasta ahora, y que luego esté todo limpio como si nada hubiese pasado». Así aseguraban los portavoces de la organización el balance, al cierre de esta edición, de la fiesta de bienvenida al curso universitario, que estrenó emplazamiento y concepto. Así, la Marina Real y sus grandes explanadas volvieron a ser escenario de estreno, desplazándose desde La Punta. Y en esta ocasión nada se parecía a lo sucedido en aquella ocasión: no se cocinó ninguna paella. Pero, a la vez, tampoco era un festival al uso, como aquel Mare Nostrum que se trasladó allí por procedimiento de urgencia durante el verano. «Sobre todo, porque un festival lo asociamos con, por ejemplo, música electrónica. Aquí ha habido de todo: desde rap a pop, pasando por el reggae. Hemos tenido DJs y música de primer nivel nacional. Lo que hemos pretendido es que la gente viniera a pasarlo bien, a socializar, y a tener todo tipo de sonidos».

Lleno a partir de las 17 horas
Fue a partir de las cinco de la tarde „no eran horas de paella„ cuando de verdad empezó a llenarse el recinto. «Lo que se pretendía en esta ocasión era pasarlo bien y socializar». ¿Será la fórmula definitiva, después de los cambios de los últimos años? «Estamos descubriendo maneras. De este tenemos que decir que ha sido un éxito de convocatoria. No lo pensamos todavía, pero lo tendremos en cuenta de cara al futuro».

El ayuntamiento estuvo pendiente con varias dotaciones de agentes y la propia concejala Anaïs Menguzzato acudió a la entrada «y la verdad es que la gente ha entrado con fluidez y sin problemas». El desplazamiento a la Marina Real tiene la ventaja de estar alejado de núcleos urbanos. «Estamos por la labor de que haya fiestas populares para que la gente lo pase bien, pero si además no molestan a los vecinos, mucho mejor».

La bebida no se podía entrar, sino que se vendía a precios populares. Ahí estaba la duda en todo caso: que la noche cerrada (acababa a la una) no acumulara algún exceso. Pero en la organización aseguraban que «estamos viendo a una gente con ganas de venir, pero en un ambiente bastante correcto, con ganas de relacionarse y divertirse». La comida se ofrecía a través de camiones food truck.

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