24 de noviembre de 2016

Querida Rita, no merecías esto

24.11.2016 | 02:16
Querida Rita, no merecías esto

Escribo estas líneas desde la tristeza y el dolor que nos embarga a muchas personas en el día de hoy. Eran poco más de las ocho de la mañana cuando los teléfonos han comenzado a sonar. Una trágica noticia nos vapuleaba de forma despiadada. Rita Barberá había muerto. En unos primeros minutos, todo era confusión, parecía mucho más que un mal sueño, pero cabía la esperanza de que fuera un mal intencionado comunicado de esos que golpean las redes sociales sin orden ni concierto. Sin embargo, no era así, la que fuera Alcaldesa de Valencia durante veinticuatro años, nos dejaba para siempre o, mejor dicho, nos dejaba su corazón. Un corazón que ella entregó a su ciudad incondicionalmente y que no pudo seguir sufriendo más.

Muchas condolencias hemos oído a lo largo de estas horas, huecas palabras de dolor en boca de quienes, supongo, no sienten ninguno? demasiada osadía diría yo.

Varias veces he escuchado esta mañana frases como: «Así es la vida» o «son cosas que pasan». Pues no, señores, ni así es la vida ni son cosas que pasan. Rita no ha muerto sola ni porque sí, ni siquiera porque le tocara. Rita se ha ido de pena, de puro dolor, humillada por quien no debía y rechazada por quienes la encumbraron en otros tiempos; impotente ante una situación despiadada y desgarradora que una mujer que tanto dio no podía entender. Y yo me pregunto: «¿ahora qué..? ¿qué harán los que la dejaron sola? ¿se sentarán en los primeras filas en su entierro?».

Yo les pediría que, ya que no tuvieron vergüenza mientras estuvo viva, la tengan ahora que ha muerto; que le recen en silencio o en su casa, si es que pueden o, mejor, que se los coma el remordimiento. Cualquier cosa antes de volver a repetir eso que hoy no han parado de decir, eso de: «La mejor Alcaldesa que ha tenido Valencia». Pues sí, lo ha sido, pero en su boca se ensucia y yo les ruego que no lo repitan más y se acuerden de cuando le pedían el acta o se rasgaban las vestiduras arrogándose una pureza y una dignidad que no conocen.

Espero que todos ellos se acuerden de lo que hicieron, y también lo hagan algunos medios de comunicación, esos que, atrincherados veinticuatro horas en la puerta de su casa, se pegaban por sacar la imagen más sarcástica y demoledora. Que no se nos olvide el año que le han «dedicado» a conciencia, este escarnio al que la han sometido sin piedad. Ahora, en esa casa ya no está, pero unas flores depositadas por muchos valencianos de buen corazón, nos recuerdan su verdadera valía, no solo como Alcaldesa sino también como mujer.

Deseo que no se olviden de una cosa: Rita no ha muerto sola, entre todos la rompimos, aunque unos más que otros.

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