08 de abril de 2018
08.04.2018

Un santo entre dos ciudades

La localidad bretona que alberga los restos del santo programa actos religiosos y lúdicos, una estatua de cinco metros y una nueva capilla para honrar al dominico.

10.04.2018 | 08:45
Un santo entre dos ciudades

El santo que contribuyó a poner fin al Cisma de Occidente en la iglesia católica y que participó en el Compromiso de Caspe para elegir rey de Aragón nació en València pero su condición de predicador le llevó a morir lejos, en la Bretaña francesa. La ciudad que acoge sus restos, Vannes, comenzó en marzo 15 meses de jubileo para conmemorar los 600 años de la muerte de «Sant Vincent Ferrier». Incluso su cadáver será reubicado en la catedral en una nueva capilla que se construye a toda prisa y será inaugurada en mayo. 200 peregrinos visitan al santo cada año, muchos de ellos valencianos, en una ciudad que vive un notable auge turístico.

El cardenal Cañizares oficia mañana en València la ceremonia del inicio del jubileo con motivo del 600º aniversario de la muerte del dominico valenciano San Vicente Ferrer pero en la ciudad en la que el santo falleció y reposan sus restos, Vannes, en el corazón de la Bretaña francesa, la conmemoración comenzó el pasado 18 de marzo con una romería que reunió a 1.500 feligreses y que recordó la llegada del predicador, en 1418. El obispo de Vannes y el duque de Bretaña recibieron entonces al que ya era toda una celebridad, un plenipotenciario del papa de Roma. Permaneció sólo 13 meses en Bretaña, hasta que murió el 5 de abril de 1419, pero en ese tiempo tuvo energía para visitar más de 30 ciudades y pueblos de Bretaña y Normandía, muy especialmente los del Golfo de Morbihan, en los que su huella perdura en forma de estatuas, vidrieras y otras piezas de culto.

Vannes, una bella ciudad de 56.000 habitantes, conserva mucho de Saint Vincent Ferrier, como se le conoce en Francia. Su catedral no solo acoge sus restos mortales sino que tiene efigies suyas en el parteluz de la fachada principal y en el altar mayor de la capilla del Santísimo Sacramento. En estos días, en el templo resuenan martillos y andamios. La capilla lateral circular en la que descansaba el cuerpo del santo deja de estar dedicada a él y todos sus elementos, incluida la piedra del altar, se trasladan al transepto norte, junto al lugar en el que se leen los Evangelios. Es una estancia mucho más amplia y estará rematada en la pared por 14 metros de tapices gobelinos, de máximo prestigio en Francia. La inauguración de esta nueva ubicación del santo tendrá lugar los días 11, 12 y 13 de mayo, fechas en las que se celebra a San Vicente en Bretaña, y se espera la presencia de numerosos feligreses para participar en la efeméride. Actualmente, unos 200 peregrinos acuden cada año a rezar ante los restos del santo, muchos de ellos, valencianos.

Pero el dominico no sólo está en la catedral. En la ciudad, da nombre a una de las puertas del recinto amurallado; la habitación en la que murió, convertida en oratorio y lugar de peregrinación, está en una plaza bautizada con el nombre de València; y en la plaza de las Lizas (torneos) quedan restos de la capilla desde la que predicaba en los días de mercado. «Aún así, San Vicente es un perfecto desconocido en Vannes. Yo mismo no sabía su relación con la ciudad cuando vine en 2015», comenta Emmanuel Didier, coordinador de los eventos del jubileo por el 600.º aniversario de la muerte del santo, que se cerrará en Bretaña en junio de 2019, tras 15 meses de actos. Romerías, misas por la paz, una estatua de 5 metros de altura por suscripción popular, un cofre con una reliquia que viajará por 20 ciudades que lo han solicitado..., hasta un concierto de pop en una iglesia a la que el dominico da nombre ayudarán a que el santo gane presencia. «Pero esto no es solo una conmemoración, sino una evangelización gracias a San Vicente Ferrer», señala el párroco de la catedral, Patrice Marivin, para quien es importante «hacer llegar el mensaje de Jesucristo e imitar la vida sencilla de San Vicente, dedicar nuestro tiempo a los huérfanos y a los prisioneros, y trabajar por la unidad de la Iglesia».

Los retos son grandes. La última gran manifestación popular en Vannes se produjo en 1956, con motivo de los 500 años del anuncio de la canonización del dominico. «Toda la ciudad se echó a la calle. Hoy en Vannes hay entre un 3 y un 5 % de católicos practicantes. Hay una descristianización muy grande en todas partes, y por eso nuestro desafío es hacer renacer la condición de San Vicente como predicador de Jesucristo», asegura Marivin.

La creación de alguna hermandad vicentina también está entre los objetivos, máxime después de conocer en marzo, en València, la energía del movimiento vicentino en una visita presidida por el obispo Raymond Centène.

La ciudad vive un repunte turístico basado en un cuidado patrimonio histórico y arquitectónico con sus murallas y sus 220 casas medievales de estructura de madera coloreada, las que erigían los comerciantes para exponer sus mercancías en sus galerías cubiertas, y su proximidad al mar, que le permite tener un puerto deportivo conectado con el Atlántico en el golfo de Morbihan.

Vuelo directo a Nantes dos veces por semana


Hora y media de vuelo hasta Nantes y unos 100 kilómetros en automóvil hasta Vannes. Es lo que separa València de la ciudad en la que está enterrado San Vicente Ferrer. Volotea, un aerolínea especializada en vuelos a ciudades medianas y pequeñas de Europa y en constante crecimiento (58 nuevas rutas en 2018) conecta con Nantes -el aeropuerto más cercano a Vannes-, desde València, Alicante, Mallorca, Menorca, Málaga, Madrid y 4 de las Islas Canarias. Desde Manises hay dos vuelos por semana, que salen los lunes y los viernes.

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