L. B. B.,
Valencia
Cuentan quienes vivieron en primera persona todo el proceso de redacción del plan general de ordenación urbana de Valencia (PGOU) aprobado en 1988 que la fase previa de redacción fue un proceso de puertas abiertas con luz y taquígrafos.
Primero se elaboró un
«avance»
del plan general para el que se publicó un
«librito amarillo»
en el que se definía la situación urbanística de la que partía la ciudad y los objetivos. Después se mantuvieron numerosas reuniones con asociaciones de vecinos, promotores, arquitectos, se organizaron la conocidas como
«conferencias explicativas»
y la conocida como Oficina del Plan General era
«un sitio abierto en el que todas las personas interesadas en el diseño de la ciudad teníamos acceso, se nos escuchaba y donde todos disponíamos de la información que se manejaba»
recuerda un arquitecto quien lamenta, no obstante, que los
«objetivos iniciales después se recortaron y el plan general de Valencia quedó devaluado sobre lo que se pensaba que iba a ser»
. Una vez redactado el PGOU se organizó una exposición en Viveros y el Plan del 88 recogió en mayor o menor medida las aportaciones que presentaron los ciudadanos interesados.
Todo lo contrario a la situación actual. El documento de concierto previo a la homologación del Plan General de Valencia es un documento
«secreto»
que los arquitectos o promotores consultados por este periódico aseguran desconocer.
«El Ayuntamiento de Valencia no está obligado a sacar a información pública este documento y sólo se conoce lo que han querido contar a los medios de comunicación»
, explica un arquitecto en activo.
«En los 80 se trataba de plantear el diseño de la ciudad. Nos jugábamos mucho. Ahora sólo es una revisión que, algunos ya conocían antes de que se anunciara porque se les avisó de dónde y cómo»
, apunta un promotor. No obstante, cuando el nuevo plan general, esté redactado el ayuntamiento sí deberá someterlo a un plan de participación pública y a una fase de alegaciones, tal como establece la legislación.