M. V.,
Valencia
Los vecinos de los edificios ubicados en el número 34 y 35 del paseo de la Petxina llevan toda una vida
«luchando contra las filtraciones de agua procedentes de la acequia de Rovella. En concreto, desde que vinimos a vivir aquí, hace entre 18 y 19 años»,
explicó ayer el presidente de ambas comunidades de propietarios, Guillermo Ballester.
Desde entonces, el ingenio de los residentes ha sido su mayor arma para enfrentarse a las inundaciones que, cada año, en mayor o menor medida -en una ocasión se hundió parte del techo de un sótano-, afectaban a los dos subterráneos del inmueble, utilizados ambos como garaje. Así, los vecinos levantaron
«escalones para evitar que el agua que se filtraba por las juntas llegase a los ascensores»
y
perforaron
«arquetas para canalizar toda el agua que entraba en los sótanos y, luego, expulsarla con una bomba de emergencia hasta el desagüe»,
describe Ballester. Lo último fue
«abrir varios sumideros en el garaje de la primera planta para llevar el agua al segundo subterráneo y, de ahí, dirigirla a las arquetas»,
agrega.
Esta última obra estuvo motivada por
«el diluvio»
que cayó en octubre. Sin embargo, no era necesario un aguacero de esas características para que la acequia se desbordase.
«Cada vez que llueve, la acequia va a tope, al 100% de su capacidad, y siempre, absolutamente siempre, se desborda en este punto y el agua se filtra hasta los garajes»,
apostilla el presidente de los edificios.
Pese a esta situación, nunca se plantearon la posibilidad de comunicárselo al ayuntamiento para que sellasen la acequia.
«Sólo le comenté a un técnico municipal lo que nos sucedía y su respuesta fue que era culpa del constructor porque la finca tenía que estar cerrada herméticamente y, como no era así, por eso nos entraba agua de la acequia»,
afirmó.
No fue hasta hace bien poco cuando decidieron avisar al Consistorio de lo que sucedía mediante un documento fechado el 30 de octubre que, sin embargo,
«por una desgraciada casualidad, aún no habíamos entregado en el ayuntamiento».