Paco Varea, Valencia
Así lo desveló ayer el químico Joan Francesc Álvarez durante la primera sesión de las «III Converses les Falles a la Nau. La sostenibilitat ambiental» que organiza el Fòrum de Debats de la Universitat de València y la Junta Central Fallera bajo la coordinación de la Associació d' Estudis Fallers.
El artista fallero Alejandro Santaeulalia explicó que tanto él como sus demás compañeros son los menos interesados en contaminar el medio ambiente y recordó que «el corcho blanco tiene un 98% de aire puro y 2% de veneno puro. De todas maneras, sabemos de la existencia de investigaciones y nos hemos ofrecido para experimentarlos pero nadie nos ha respondido».
Sobre la educación ambiental quedó constatado que el camino es muy largo y se puede ayudar mucho a reducir la contaminación desde las comisiones falleras si tienen voluntad y, en especial, si la administración presta un apoyo real.
Así Víctor Belloch, biólogo y técnico ambiental, planteó que las comitivas oficiales de las falleras mayores utilicen coches eléctricos o de gasoil y que las comisiones instalen programadores en la ornamentación lumínica para encenderse y apagarse a unas determinadas horas para causar menos contaminación lumínica o separar productos en la ofrenda floral. Lo que pocos advirtieron es la obligación en tres años de instalar hilos luminosos de bajo consumo con lo cual a la bombilla poca vida le queda.
Quien sorprendió a todos fue el presidente de Lepanto-Guillem de Castro quien denunció que todo el esfuerzo de la comisión por hacer unas fallas sostenibles se vino abajo cuando después de un ímprobo esfuerzo por reciclar en distintos contenedores el camión de la basura se lo llevaba en el mismo vehículo con lo cual nada se reciclaba.