Isabel Olmos, Valencia José Antonio, de 49 años y natural de Pedreguer, no sabe porqué perdió todo lo que tenía hasta ese momento pero es consciente de que su pesadilla -un particular descenso a los infiernos-empezó con su divorcio. « Tenía 40 años, y vivía en la Xara con mi mujer y mi hija. Cuando nos divorciamos empecé a beber y a beber. No llegaron a echarme del trabajo porque yo me fui antes para poder beber », explicaba ayer. Como era restaurador de fachadas, el alcohol y las alturas no compaginan bien así que dejó el empleo.
« Durante muchos años bebí mucho, hasta alcohol de 96 grados. Luego decidí venir a Valencia y estoy muy contento porque después de dos años tengo una pensión y vivo en un piso alquilado. En 10 años perdí todo lo que tenía y ahora voy a ver si puedo recuperar algo », explica.
José Antonio participó ayer con sus compañeros en las actividades organizadas bajo el lema Por una salud digna para todos que tenían como uno de sus objetivos reclamar la creación de protocolos de actuación « específicos » y sistemas públicos de salud « adecuados » para atender al cerca del centenar de personas que viven actualmente en las calles de la ciudad de Valencia. De la exclusión a la reinserción Adicción al alcohol o al juego, una profunda sensación de desarraigo familiar, dificultades económicas, fracasos no superados, problemas de salud derivados de esa adicción o por problemas mentales se suman a una imagen « muy degradada » de cara a la sociedad. « Cuando una persona pierde el hogar », explica la directora del Centro de Atención a Personas Sin Hogar, Inma Soriano, « es que ha llegado al último escalón y nunca es por un factor, sino por múltiples y muy duros». Por el centro que ella dirige pasan anualmente más de 2.000 personas sin hogar en busca de atención o asesoramiento. Los procesos de reinserción son lentos -duran cerca de un año y medio- pero son reales, existen. « Mucha gente ha logrado salir de la marginalidad y recomponer algunos aspectos de sus vidas que habían perdido », explica Inma. Como José Antonio quien, sin dudarlo, expone su reto más inmediato: « recuperar a mi hija ».