Independientemente de los factores comunes que llevan a una persona aquedarse sin hogar, el perfil de la gente sin techo no es uniforme. «Hay jóvenes de 20 años y personas de 58 que llevan 30 años viviendo así. Es como su estilo de vida», explica Soriano. De hecho, las entidades que trabajan con ellos -Centro de Atención a Personas Sin Hogar, Cáritas Diocesana, el albergue San Juan de Dios, el Hogar Social Juvenil o Cáritas- deben esforzarse mucho porque hay quien se niega a participar en los planes de rehabilitación. En estos planes «no solo se les da techo y comida sino que se les enseña a convivir con gente de nuevo, a moverse con horarios, hábitos de higiene, abandonar las costumbres de la calle y a recuperar sus vínculos familiares».