Paco Varea, Valencia
El panorama era desolador y ella no pudo más y estalló: "Me han destrozado gran parte de mi campo de coles y no aguanto más, no aguantamos más. Esto no es un caso aislado. Llevamos así meses y meses".
A pocos metros de Amparo escuchaba atento un hombre mayor con un andador, de nombre Ginés, que presenció los hechos. "Todo ocurrió en la tarde del pasado martes sobre las 19 horas cuando atardecía. Un grupo de tres jovenes estaba sentado en el camino y al rato uno entró en el campo y cogió una col y después otra y luego se sumaron los otros dos desparramándolas por el camino y otros lugares. Miré poco pudo hacer porque como ve me ayudo de esto - del andador - para caminar pero la verdad fue lamentable porque me sentí impotente".
La dueña del campo nada más llegar avisó a la Policía Local pero ni pasada una hora llegó agente alguno para conocer los hechos, según denunció ella y los demás labradores. "Han venido los de la Guardería Rural y han tomado nota y ya está pero eso es insuficiente. Hace falta más vigilancia en nuestras huertas y casas porque vivimos aquí y precisamente a 100 metros de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y de la Ciudad de la Justicia. ¿ No le parece una contrariedad estar tan cerca de tan edificios emblemáticos y nosotros tan desprotegidos", comentó.
Nada más escucharla José Quilis, otro labrador, entró en la conversación y apuntó que "el acto vandálico en el campo de Soler no era un hecho casual sino uno más de los ocurridos desde hace varios meses".
Quilis agregó que "desde la llegada de varias familias a casas en ruinas el pasado verano todo se ha desencadenado. El 24 de diciembre, el día de Nochebuena, le robaron y destrozaron a otro labrador y el 26 lo tocó el turno a Rafael y así a todos" y explicó que "muchos labradores acuden con cierto temor al lugar para tomar el agua para regar porque en ese lugar campan toxicómanos y prostitutas. Hay unas 15 o 20 pero como están en la huerta cerca de casas y familias que a nadie importan nadie hace nada".