28 de abril de 2016
28.04.2016
Opinión
Menús variados 

El extraño caso de Finlandia

28.04.2016 | 12:40
Antonio Vergara

El 1 de mayo, día de la Madre, cerrará Q de Barella, abierto en 2013 en una planta baja donde antes estuvieron Óscar Torrijos y Apicius. Si tres grandes profesionales no han triunfado en esta dirección, ¿acaso estaremos ante 'el extraño caso de la calle Finlandi' de Conan Doyle?

El domingo próximo, 1 de mayo, es el Día de la Madre. Todavía podrán comer en el restaurante Q de Barella (ubicado en la valenciana calle Finlandia, 7, teléfono 963 93 63 00). Ahora está en la temporada de Cuina Oberta, un invento neoyorkino que permite ir a los restaurantes adonde no se va jamás durante 364 días. El secreto es el precio del menú, cerrado, que, en general (salvo aquellos locales con estrellas Michelin), oscila entre los 20 y los 30 euros, botella de agua mineral o una cerveza incluidos.

El fenómeno es uno más de esta sociedad sin criterio propio. Las muchedumbres, obedientes a una poderosa campaña de marketing, llenan los restaurantes con agua mineral. Y al irse, sin pedir ni una copa de vino, ya creen que son expertos gourmets.

Muchos osan injuriar a restaurantes „bastantes se apuntan porque «hacen» caja„, cuyo precio medio (no siempre) es superior el resto del año. Critican la comida, el servicio o la parvedad de las raciones. Pretenden comer como si los precios de la carta fueran los habituales. Acto seguido, insultan a cualquier restaurante amparándose en el anonimato de las estúpidas redes.

A todo esto, Turismo Valencia, la institución oficial que organiza las diversas «cuinas obertas» anuales, cobra un euro por comensal a los restaurantes inscritos, en esta ocasión más de sesenta (21 de abril a 1 de mayo). Más aparte, la cuota de inscripción anual.

Entre los establecimientos hay churras y merinas, es decir, muy buenos, buenos, menos buenos y muy mediocres. Pero nosotros, humanistas cristianos, comprendemos, no obstante, que muchos hosteleros se adhieran a la causa de Cuina Oberta porque «si facturamos lo suficiente en quince días para tapar algún agujero, nos interesa el tinglado», según la confesión de un empresario pyme.

Lo peor, y nos repetimos, es que la mayoría de quienes acuden a este imperativo mediático jamás frecuentan estos restaurantes „y no por falta de recursos económicos„. Se da el caso que en muchos de ellos se puede comer todo el año pagando lo mismo que durante Cuina Oberta: entre diecinueve y treinta euros. Corolario: si sólo se movilizan por el cornetín mediático de las redes sociales es porque la gastronomía les interesa menos que un partido de fútbol.

Los he observado con sagacidad en varios restaurantes y no dan el perfil de quienes disfrutan comiendo. Incluso tienen la tez pálida y la cerveza del menú la beben sin delectación morosa («singular captación del instante de abandono»). De todos modos, si así son felices y están convencidos, además, de que no hay que dejar propina (hay mucho roñoso, y no precisamente entre los económicamente débiles), o piensan que ha sido la mejor comida de su vida, alabada sea esta iniciativa de Cuina Oberta.

Me había olvidado, aparentemente, de Q de Barella. Cuando termine con este trámite institucional, el 1 de mayo, Día de la Madre, cerrará. La causa no hay que atribuirla a Enrique (Quique) Barella, nacido en El Grao (1974). Un notable cocinero. Fue chef de El Alto de Colón, inaugurado en 2003. Su fondo de cocina es considerable: seis meses en El Celler de Can Roca y dieciséis en Ca Sento, cuando estaba en su cénit. No. Y lo aseguramos porque conocemos su cocina, la de El Alto de Colón y la de Q de Barella, abierto por él y su mujer, Elsa Fuillerat, el 17 de mayo de 2013, en una planta baja propiedad del maestro Óscar Torrijos, donde anteriormente estuvo él (Oscargastrovi) y después Apicius.

En 2015 cené, al menos en nueve ocasiones (en sólo tres meses) Y luego varias veces más. Siempre a entera satisfacción. Tanto Torrijos como Apicius dejaron esta calle. Conclusión. Si tres grandes profesionales no han triunfado en esta dirección, ¿acaso estaremos ante 'el extraño caso de la calle Finlandia', de Conan Doyle? Podría ser. Para los cocineros de valía, seguro.

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