14 de julio de 2016
14.07.2016

Rosados para vivir la vida

Blue Bird, Bodegas Los Pinos

14.07.2016 | 00:26
Rosados para vivir la vida

Las viñas de Garnacha alcanzan el equilibrio de su gran vigor cuando están ya bien entradas en años y, como existen múltiples ejemplos, es entonces cuando sus vinos demuestran su buena capacidad para el envejecimiento. Aunque un viñedo joven con una adecuada viticultura también ofrece excelentes resultados en vinos rosados y tintos jóvenes y con crianza. Esta casta de vid no es frecuente en tierras del valle de Fontanars dels Alforins, en el interior sur de la provincia de Valencia, donde comienza el mar de vides que domina la Monastrell y se extiende por los pagos alicantinos, hasta tierras murcianas y manchegas. Pero en Bodegas Los Pinos, o Cals Pins, como la conocen los mayores del lugar, sus anteriores responsables tuvieron la buena idea de plantar en terreno arenoso ocho hectáreas con este varietal. Y es que la Garnacha tinta es una planta productiva, de ciclo largo, muy bien adaptada a la sequía y es precisamente en estas condiciones climáticas cuando ofrece sus mejores cualidades. En 2007, José Antonio Ferri adquiere la propiedad e incorpora como socio a Kike Francisco. Restauraron la antigua bodega y la dotaron de nueva tecnología, continuando el reto de mantener la heredad con criterios ecológicos sostenibles, en una finca que posee una tradición vitícola contrastada desde que Vicente Puig i Cubelles la fundara en el siglo XVIII, hace más de trescientos ochenta años. En la actualidad el enólogo Rafael Cambra es el director técnico de Bodegas Los Pinos y utiliza la Garnacha para hacer un rosado que es un puro disfrute, planteado con la idea de hacer un vino fresco, ligero, con algo de cuerpo y mucha fruta, que acompañe la gastronomía durante el verano, para tomar en la terraza, para almorzar, comer o cenar.
El método de vinificación es mediante «prensa directa», el utilizado en Francia para la elaboración de rosados. Las uvas tintas se estrujan y se prensan, de forma idéntica a como se hace con la mayoría de los vinos blancos. Con esta técnica se obtiene un color rosado pálido, piel de cebolla o asalmonado, como es el caso del vino que nos ocupa. Sus aromas son intensos y delicados. Recuerdan a la fruta roja fresca, a fresas, a cítricos (pomelo), y a flores azules. Tiene una boca deliciosa, es sedoso, goloso, fresco y equilibrado, con buena persistencia. Un rosado tanto para saborearlo solo como para tomarlo con platos ligeros, como los «dim-sum» de marisco y de pescado, o simplemente con lo que nos apetezca. Además, este vino lleva por nombre Blue Bird, el último trabajo de la cantante Virginia Maestro, a quien Ferri le dedicó su etiqueta cuando, conversando con ella, la artista le reveló su predilección por este tipo de vinos.

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