08 de marzo de 2018
08.03.2018

Mujeres y vino: La paridad que no llega

En un sector dominado por el hombre, la mujer comienza ha ocupar puestos hasta no hace mucho reservados a ellos. Todavía estamos lejos de la paridad de géneros, pero viendo el buen trabajo de enólogas, sumilleres y gestoras parece, afortunadamente, cuestión de tiempo

08.03.2018 | 04:15
Mujeres y vino: La paridad que no llega

En materia de igualdad de género el mundo del vino ha cambiado de manera notable en España en las últimas décadas, aunque no lo que cabría esperar. A mediados de los ochenta el sector del vino estaba absolutamente dominado por los hombres. Yo cursaba mis estudios de enología en la escuela de Requena, y en las aulas el porcentaje de mujeres era casi residual, apenas una o dos por cada diez estudiantes del género masculino. Pero algo ya comenzó a cambiar en aquella época, y las chicas fueron avanzando lo que posteriormente tendría que reflejarse en el mundo laboral.

El papel de la mujer en el sector parecía encorsetado en labores de gestión administrativa –en el mejor de los casos en trabajos de laboratorio–. Ellas, bien formadas, abandonaban su etapa académica para incorporarse al mundo laboral, aunque en muchos casos chocaban de frente con empresarios que, salvo raras excepciones, miraban con recelo el papel de la mujer en bodega.

Han pasado tres décadas, y aunque el «firmamento» de enólogos mediáticos sigue estando dominado por hombres (Pablo Ossorio, Toni Sarrión, Pablo Calatayud, Pepe Mendoza, Daniel Expósito, Diego Fernández, Toni Arráez, Rafa Cambra, Diego Morcillo, Fernando Tarín o Dani Belda por citar algunos) la mujer tiene cada vez más peso en la toma de decisiones, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

En bodega, las enólogas Mapi Domingo y Mari Paz Quílez, han tenido que demostrar día a día sus aptitudes técnicas. La primera comenzó su trayectoria «llevando los papeles» de Torre Oria, y hoy es la responsable de uno de los pilares de Sierra Norte en el municipio albaceteño de La Roda. Quílez dio sus primeros pasos en el mundo laboral de la mano de Vegamar, aunque es desde hace media década cuando a comenzado a tener más protagonismo y poder de decisión.

Otras han tenido «más suerte» y han podido desarrollar un proyecto propio desde su inicio. Es el caso de la requenense Rosalía Molina, al frente de Altolandón, en la manchuela conquense. Vinos como Rayuelo, Irrepetible o Sándalo hablan de la profesionalidad y sensibilidad de una enóloga que ya se codea con las grandes damas del vino a nivel nacional.

Por el contrario, enólogas como Fina Roser o Toñi Navarro han tenido que buscarse un hueco en el sector del granel, dirigiendo cooperativas y bodegas de gran volumen y dignificando un trabajo que les ha llevado a conseguir importantes reconocimientos, como las altas puntuaciones de su Mersé (blanco de Merseguera con barrica) elaborado por Fina o el título de «Mejor Enóloga del año» otorgado a Toñi en 2015 por su trayectoria en cooperativas como Albosa de Los Isidros o Viticultores de Los Ruíces.

Otro caso de éxito es el de Ana Suria, quien, junto a Vicente García, puso la primera piedra del proyecto de Pago de Tharsys. Ana es, tras una dilatada trayectoria profesional, la gerente de la bodega, además de ocupar diversos cargos de responsabilidad en asociaciones y colectivos vinculados al sector.

La mujer ha entrado en el mundo del vino atravesando diferentes caminos. La enóloga María José Haya se ha dedicado en cuerpo y alma al proyecto familiar, recuperando viñedos casi centenarios en Requena, y María José López Peidro, después de completar su formación, se ha ocupado de la gestión de Chozas Carrascal, una de las bodegas valencianas ´Top´.

Al margen del trabajo en bodega, otras muchas mujeres ocupan cargos de responsabilidad en el sector o se han convertido en referentes dentro de su disciplina. Mari Carmen Martínez y Carmina Cárcel ocupan los cargos de secretaria en los consejos reguladores de las Denominaciones de Origen Protegida Valencia y Utiel-Requena respectivamente.

Y en lo referente al servicio del vino merece mención aparte María Luisa Martín, docente en escuelas de hostelería y universidades y actualmente presidenta de la Federación Valenciana de Asociaciones de Sumilleres. Junto a ella, Manuela Romeralo, en su día campeona del mundo de cata de habanos, sumiller y, desde hace años, ´enlace´ de Quique Dacosta en sus restaurantes de València.
Y la lista no termina aquí; María Sancho (Aranleón), Almudena Dehesa (Nodus), Noemí Arroyo (Noemí Wines), las hemanas Valsangiacomo (Cherubino) y otras muchas mujeres que se han incorporado a un mundo tradicionalmente dominado por los hombres y en el que cada vez tienen más presencia, aunque, por desgracia, todavía estemos lejos de la paridad. Tiempo al tiempo.

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