03 de mayo de 2018
03.05.2018

De profesión enólogo/a

Hace tiempo se decía que el mejor enólogo era Dios, y las cosas salían como Él dictaba. Con la incorporación del conocimiento, ciencia y tecnología se aceleró el paso de la alquimia a la profesión, creciendo la participación del enólogo/a en el proceso y ganando todos en seguridad y credibilidad. Tan impropio es decir que el vino se hace solo y no hay que tocarlo como negar la capacidad de un profesional para conducir el proceso de producción.

03.05.2018 | 20:33

El 23 de marzo, en la sede del CRDOP Valencia, tuvo lugar la Asamblea General Extraordinaria de la Asociación Valenciana de Enólogos (AVE), con entrega de la Medalla de Oro de la Asociación a José Saval Romani y la del Mejor Enólogo del año a Diego Fernández Pons.
Tras el protocolo oficial, en los discursos de agradecimiento se dieron dos momentos para la reflexión: la disposición de servicio, sincera y permanente, de Pepe Saval en su larga trayectoria de atención al sector y la reivindicación de la función del enólogo de Diego Fernández y su aportación al concepto actual de la ecología en la viña y el vino.

El enólogo/a, sea cual sea su graduación académica y procedencia (doctores, titulados superiores, master homologado, título de grado medio, formación profesional, capataces) siempre ha mostrado una vocación de servicio a una sociedad en marcha, desde sus raíces rurales a su implantación urbana y ha puesto a disposición del sector su memoria, inteligencia y voluntad.

Hace tiempo (S. XIX) se decía que el mejor enólogo era Dios, y las cosas salían como Él dictaba. Con la incorporación del conocimiento, ciencia y tecnología se aceleró el paso de la alquimia a la profesión, vía experimentación, investigación e innovación, creciendo la participación del enólogo en el proceso y ganando todos en seguridad y credibilidad.

Puede decirse que el nivel alcanzado por el sector de la viña y el vino en la actualidad se debe al enólogo/a profesional, sus conocimientos, dedicación y buen hacer, desde su responsabilidad en la cadena de valor vitivinícola y con ayuda de los presupuestos puestos a su disposición según compromiso empresarial.

Tan impropio es decir que el vino se hace solo y no hay que tocarlo, como negar la capacidad de un profesional para organizar, conducir y decidir que hacer en presencia de la uva y su madurez, como actuar en la fermentación o discernir la toma de decisiones que conlleva comercializar a granel o envasado según la calidad en el concepto de empresa.

La Asamblea ha supuesto aire fresco para profesionales con futuro que están sufriendo competencia desleal, con alto grado de intrusismo. Parece ser que todo el mundo puede llamarse enólogo al margen de sus estudios y dedicación y confundir aficiones e ilusiones personales con valores enológicos. Llevo en la profesión desde 1970 y sigo viendo a mis compañeros con respeto y admiración por sus conocimientos, capacidad para diseñar un viñedo, dedicación a la mejora del ciclo de la vid, elaborar mosto y vino, atender servicios en la empresa/cooperativa y dar rienda suelta a su vocación para adentrarse a fondo en las materias y luchar por la presencia en los mercados de los vinos más idóneos. Ello implica algo más que afición, disposición e inspiración y obliga a estar al día.

Nos precedieron profesionales que nos enseñaron a pensar, trabajar y testimoniar que el enólogo/a era algo más que persona formada en la materia. Es la persona de confianza que ayuda a la rentabilidad de una empresa, una cooperativa o un pueblo y ello imprime el carácter de autor. En más de una ocasión de la gestión del enologo/a han dependido las rentas de un pueblo.

El enólogo/a posee futuro basado en su formación, conocimientos y capacidad para leer entre líneas las tendencias de futuro y tiene la responsabilidad de transformar cada año ese magnífico legado de la naturaleza que es la uva madura en un vino apto para trasmitir sensaciones y rentas, buscando técnicamente el vino más perfecto.

La reivindicación, da pie a reconocer la presencia de la Enóloga y su dedicación profesional, que está contribuyendo a dignificar la profesión y revalorizarla. El camino iniciado, entre otras, por Mª Dolores Climent, Ana Casp, Ana Calvet, María Sancho, Inma Alvárez , Ana Suria, C. Luisa Monzó, Mª Ángeles Novella, Antonia Navarro, Fina Roser, Noemi Arroyo, Raquel Armero, Nora Clemente, Rosa Vázquez, etc, está dando sus frutos que se traducirán en calidad, sensibilidad y difusión de la cultura del vino de la Comunitat Valenciana.
Las nuevas generaciones de enólogos/as poseen niveles de formación, personalidad y compromiso más que notables que sin lugar a dudas ayudarán a mejorar la calidad y presencia de la viña y el vino en la sociedad de la alimentación. Esto se está notando.

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