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100 maneras más de conectarse a la Fuente
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Blog 100 maneras más de conectarse a la Fuente - Arnau Benlloch

Arnau Benlloch

Periodista. Observador social. Inspiración para el Cambio. www.arnaubenlloch.com

Sobre este blog de Cultura

En este blog comparto mis inquietudes sobre cómo llevar una vida más apacible y tranquila, sintiéndote conectado a la Fuente, esa de donde toda vida brota.


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  • 23
    Septiembre
    2018

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    Cultura Valencia fuente meditación Inspiración equilibrio

    Manera 104: Encuentra tu equilibrio

    Sentirte plenamente conectado solo es posible si estás en tu centro, si habitas ese eje que te mantiene en equilibrio. Cuando estás situado en ese punto te conviertes en canal de la Fuente y todo lo que necesitas saber para evolucionar fluye hacia ti, como si descargaras información del Google Drive cósmico.

    A pesar del ruido que hay en tu vida, a pesar de los vaivenes, las fluctuaciones constantes, las tensiones y distensiones, cuando experimentas que en tu centro es donde está la paz y la riqueza, tendrás una ruta que seguir, una indicación clara de cuál es el sendero hacia ti mismo.

    El ojo del huracán es ese espacio de calma, en el que no hay viento ni movimiento, es ese santuario que existe en medio de una fuerza caótica y destructiva. Tu equilibrio perfecto se sitúa justo ahí, en el ojo del huracán de tu vida.

    Hay hábitos en tu vida que activan tu fuerza centrífuga (que huye del centro) y como una lavadora a 1.000 rpm. hace que gires veloz y enfocado en lo de afuera. Vives de cara a la galería, buscas a todas horas la opinión de los demás, su reconocimiento, necesitas el movimiento continuo, de aquí para allá, sin freno. Mantienes una inercia que poco a poco te va alejando de quien verdaderamente eres, pierdes el equilibrio y comienzas a mantener una vida disfuncional que, tarde o temprano, te provocará problemas emocionales, físicos, económicos, relacionales, de pareja, de sentido vital…

    Manera 104: Encuentra tu equilibrio

    Image by Julien Pacaud  

    Hábitos que te hacen perder el equilibrio:

    Son muchos y variados, pero así de primeras se me ocurre una alimentación inconsciente llena de grasas, azúcares y platos procesados. El alcohol, el tabaco y otras sustancias nocivas que te empujan a la evasión y a dejar de ser tú. Las prisas constantes, el sedentarismo, el exceso de tele, de móvil y de pantallas en general, el exceso de información perjudicial.  Y otros hábitos de comportamiento no tan visibles, pero igual de dañinos, como la crítica, la negatividad, la desconfianza, la ira, el miedo, la envidia…

    Hábitos que te equilibran:

    Por el contrario, hay hábitos que te acercan rápidamente a ti mismo, que activan tu fuerza centrípeta (que se acerca al centro), que te devuelven a tu equilibrio natural y que, a pesar de las fluctuaciones y los baches, te ayudan a sentirte en el eje de ti mismo, bien asentado, enraizado y en calma.

    Tener un propósito de vida, aprender a cuidarte, dedicarte tiempo y espacio y profundizar en tu autoconocimiento. Una alimentación saludable, el ejercicio físico, deporte, yoga, algún arte marcial, meditación, largos paseos, caricias, sexo consciente, danza, conversaciones profundas y elevadas, el no juicio, la introspección, dibujar, los gestos amorosos, leer textos inspiradores, tocar un instrumento, el contacto con la naturaleza…(cualquiera de las 100 maneras de conectarse  a la Fuente).

    Cuando estás en equilibrio te relajas, porque te sientes tan conectado que te puedes permitir dejar que sea la Fuente la que dirija. Es entones cuando te das cuenta de la de tensión que has estado acumulando, pretendiendo ser el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro.

    Cuando descubres que en el equilibrio consigues ser menos reactivo, consigues tener ese margen de tres segundos antes de estallar en una discusión, ese margen de tres segundos antes de elegir qué plato comer, que película ver, que contestarle a tu jefe. Eso es estar cerca del centro, eso es signo de que te permites sentir antes de actuar.

    El mejor termómetro para detectar si estás en el centro o en la periferia de ti mismo es observar cómo reaccionas ante situaciones molestas o cambios de guion inesperados. Este fin de semana me han pasado cuatro tonterías todas bien apretaditas en el tiempo que han puesto a prueba mi equilibrio.

    Hace un par de días tuve un encontronazo con un familiar y en vez de introducirme en el huracán emocional que recorría en ese momento su psique, me retiré, elegí marcharme de la ‘escena del crimen’. Al cabo de unos minutos le llamé y desde el corazón le expresé mi sorpresa y disgusto por el momento vivido. Lo agradeció, se disculpó y crecimos un poco más juntos.

    Si este episodio me hubiera ocurrido en otra época en la que habitaba más lejos de mi centro, hubiera convertido su huracán en tornado, hubiéramos unido fuerzas y habríamos acabado creando una ciclogénesis explosiva que nos hubiera llevado más lejos aún del centro con consecuencias quizá irreparables.

    Así empezó el finde, pero siguieron las pruebas de paciencia. No se nos ocurrió otra cosa que ir a esa tienda de muebles que luego se montan, un sábado a las ocho de la tarde, y claro, aquello era el apocalipsis de los carros. A la vuelta a casa descargué la compra en tal estado mental que dejé olvidado en la calle una pieza importante para montar la estantería. Ahí no acaba la odisea centrífuga, estuve 61 minutos exactos para encontrar aparcamiento por mi barrio y esta mañana he ido a comprobar si en el coche estaba la pieza que faltaba y me he encontrado una nota de la policía para que me pasara por comisaría porque un vehículo me había rascado el coche y ellos habían sido testigos. Y por si la cosa no estuviera ya completa, el vecino de abajo ha subido a decirme que tiene goteras en el cuarto de baño y que se les han fundido los plomos.

    En otro momento toda esta cadena de sucesos desagradables me hubiera irritado, me hubiera sacado de mis casillas. Pero desde mi centro le doy la importancia que tiene, o sea ninguna. Y aquí me tienes aprovechando estos ingredientes para cocer a fuego lento este post por si a alguien le sirviera de alimento.

    No siempre uno puede gestionar sus emociones como le gustaría, pero cuanto más en equilibrio te encuentras es mucho más fácil que sepas reaccionar con comprensión y en vez de echar más leña al fuego, cerrar las compuertas para que éste se vaya consumiendo poco a poco.

    Quiero pensar que si te mantienes mucho tiempo en el centro, si alcanzas un equilibrio constante, llega un momento en que implosiona el huracán y tu calma se hace permanente. Aún me siento lejos de este estado, pero el camino de la sabiduría te dirige hacia allí, hacia el equilibrio constante en el que nada, por explosivo que sea, podrá arrancarte de tu centro por mucho tiempo.

    El equilibrio es uno de los objetivos fundamentales de cualquier vida, pero también es una de las mayores responsabilidades personales, porque depende de ti, de cómo gestionas lo que sucede en tu vida, de qué mirada aplicas a lo que ves y de cómo eres capaz de comprender el mecanismo de lo que va sucediendo. Encuentra tu equilibrio y te habrás encontrado, pero para encontrar algo primero hay que buscarlo.

    Tu equilibrio no es el equilibrio de tu pareja, de tus amigos, de tus compañeros de trabajo o de tus jefes, ellos tendrán que trabajarse el suyo propio. Pero si encuentras el tuyo, podrás ser faro de muchas personas que viven en constante lucha en el tornado interno que les hace salir disparados hacia fuera de su vida.

     Asume que tus hábitos dibujan tu vida y haz pruebas, atrévete a reconocer algunas adicciones y a superarlas, a transformar algunos hábitos perjudiciales por unos más saludables. Las flechas que indican tu camino siempre señalan hacia dentro y en cuanto pongas un pie en el ojo del huracán te habrás dado cuenta de que has llegado a casa. Manera 104 de conectarse a la Fuente: Encuentra tu equilibrio.

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