Casi un mes después de que se celebraran las elecciones en EEUU, Donald Trump sigue sin reconocer su derrota, impidiendo el traspaso de poderes, fundamental para que no haya ningún vacío de poder. Trump insiste en su tesis, sin aportar  ni una sola prueba que lo refrende, muchos tribunales ya se han pronunciado en su contra,  de que hubo fraude electoral y se niega a reconocer su derrota electoral ante el candidato demócrata Joe Biden, claro vencedor de los comicios del pasado 3 de noviembre.

Donald Trump sigue con su rabieta particular de no encajar la derrota y busca a toda costa sembrar la duda ante la mayor democracia del planeta, creando un caldo de cultivo muy peligroso en el resto de democracias, sin ser consciente del daño que puede provocar su postura de bloqueo.

El 20 de enero es la fecha prevista para la toma de posesión del nuevo presidente de los EEUU, Joe Biden hasta entonces Trump sigue siendo el inquilino de la Casa Blanca, con todos los poderes presidenciales, con todo el peligro que ello comporta, de hecho ya ha ordenado ceses en personal de su confianza. El último ha sido el secretario de Defensa, Mark Esper.

Nunca en la historia de los EEUU y creo que tampoco en ningún país democrático del mundo se ha dado una situación igual, donde el presidente saliente no reconozca el resultado de las urnas y se niegue a facilitar el traspaso de poderes. Unas veces han ganado los republicanos y otras, los demócratas. En eso consiste precisamente la democracia: en la alternancia de poder.

Todos los países han reconocido el claro triunfo de Joe Biden frente al candidato republicano. También ex presidentes como George Bush se han sumado a ese reconocimiento público. No hay dudas sobre la limpieza de las elecciones. Solo personajes populistas como Bolsonaro dudan de su legalidad. Nada extraño por otra parte.

El otro día veíamos como en una rueda de prensa  mandaba callar a un periodista que quería formularle una pregunta y lo menospreciaba diciéndole que era un don nadie. Trump en su tono habitual preponte y arrogante amenazaba diciendo que iban a ocurrir muchas cosas de aquí al 20 de enero e insistía nuevamente en esa teoría conspirativa del fraude electoral, que no se creen ni los más cercanos al propio Trump.