Circular estos días por la calle Colón es un auténtico caos, solo a Grezzi se le puede ocurrir la fantástica idea de dejar un único carril en la principal arteria de Valencia. Es de locos.

Me permití ayer que estuve en Valencia hacer una fotografía cuando me disponía a cruzar en una hora punta.  Y como una imagen vale más que mil palabras, este es el resultado de semejante despropósito:

Colas kilométricas, mientras el carril de bus y el de taxi están prácticamente vacios. Otro de los carriles que se utilizaba para el tránsito de vehículos se ha dejado para el aparcamiento de motocicletas. Se ha habilitado otro para la circulación de bicis y patinetes, que a falta de carriles circulan por la acera, con total impunidad, pese a estar prohibido, incomodando y poniendo en peligro a muchos  peatones.

Todo muy pensado para los cientos de valencianos que tienen que coger a diario su vehículo para desplazarse al trabajo y que obviamente no pueden ir en bicicleta o patinete.

La calle Colón que siempre ha sido una calle ancha, arbolada, cómoda para circular, incluso para aparcar antes de que existiera la zona azul, hoy es una antítesis de lo que fue, con los conductores atrapados en largas colas.

Para rizar el rizo tampoco se puede acceder a la calle Colón desde la Porta de la Mar, solo está permitido el acceso a vehículos autorizados o transporte público y taxis.

Una calle por la que antes se transitaba con cierta fluidez, incluso en Navidad,  la han convertido en una auténtica ratonera para los cientos de vehículos que transitan a diario por la principal calle comercial de Valencia.

Todo este desastre urbanístico responde al criterio de Grezzi de peatonalizar la plaza del Ayuntamiento en la que ni siquiera en Navidad hay gente en sus calles.