El otro día escuchando a la ministra de Igualdad Irene Montero durante un acto de la campaña electoral, pensé que se trataba de un montaje y estaban alterando sus palabras. Pero no. Habló en esos términos, dijo: niñe, hije y todes. Ya la escuchamos acuñar un nuevo término: portavoza.

El problema es que este lenguaje, que nada tiene que ver con la igualdad de género ni con la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, sino que supone una patada al diccionario y a las más elementales normas gramaticales está calando cada vez más entre la gente joven, que escribe y habla cada vez peor. No porque lean poco, que también, sino porque escuchan a nuestros políticos destrozar el lenguaje.

Ya nos hemos olvidado de las clases de Lengua donde nos enseñaban la importancia de los artículos y los sustantivos y el uso del masculino y el femenino. Don Justo que era el profesor que tenía en Lengua y Literatura en el Colegio El Vedat me hubiera puesto un rosco si escribo: todos y todas. Además de hacerme copiar cien veces los errores gramaticales en los que hubiera incurrido.

Ahora ya es habitual escuchar: todas y todos, compañeros y compañeras, inscritos e inscritas, portavoz y portavoza. Cuando la RAE es clarísima en este sentido. “el masculino gramatical funciona en nuestra lengua (español), como en otras, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”.

Yo mismo he incurrido en un error lingüístico en uno de mis artículos al decir “lideresa” en lugar de “la líder”. Mi primo Vicente me lo ha recriminado y con razón.

 Resulta cansino escuchar a los políticos decir: compañeros y compañeras; todos y todas, pensando que al expresarse de ese modo son más feministas por ello. Y no. Lo que están haciendo es un mal uso del lenguaje.

Es perfectamente válido decir: la juez, la piloto, la médico… sin menoscabo de ofender a las mujeres. No por decir portavoza estamos visibilizando más a las mujeres.

Escucho casi a diario un programa de radio que emite Radio Castilla La Mancha que se llama La Rotonda. Lo presenta el periodista Joaquín Guzmán. Es un programa muy ameno de dedicatorias musicales. Casi todos los oyentes que intervienen en el programa, bien en directo o a través del wasap,  usan la expresión de bienvenida: rotonderos y rotonderas, cuando perfectamente podrían decir rotonderos y referirse igualmente a hombres y mujeres. Cuando llevas cuatros horas escuchando el programa, resulta machacón tanto rotonderos y rotonderas. No hace falta caer en repeticiones innecesarias.

Estos desdoblamientos que se producen en el lenguaje inclusivo son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico como recuerda la RAE.

El español es un idioma rico, no lo pervirtamos.