Ayer como cada sábado también fui a tirar a Vallada, no sin antes parar a comer en el restaurante El Serrano de La Font de la Figuera. Cuando llegué Fernando ya tenía preparada mi caña en vaso frío. Todo un detalle. El domingo anterior me quedé con ganas de comer el  extraordinario arroz meloso de bogavante que preparan en sus fogones, pero estaba atiborrado de gente y no pude entrar.

He tomado el primer gazpacho andaluz de la temporada. Parecía una crema. Buenísimo, nada grumoso ni aguado. El único pero por decir algo es que echaran la guarnición en el gazpacho. Prefiero que la saquen aparte y servírmelo en el momento de tomarlo para que no se ablanden los picatostes. Desde allí le mandé un wasap a Amadeo para que me apuntara en tres series diferentes: 4,6 y 8, para que no me pasara lo del último día, que cuando llegué había un montón de gente apuntada y no pude tirar hasta pasadas las 7 de la tarde.

Llegué al campo antes de las 5. Aunque estaba apuntado en la escuadra cuatro, había sitio en la primera. Preferí esperarme. Como Rubén tiraba en la primera serie y suele ser quien apunta siempre, hice yo de árbitro. Vicent Castelló terminó la serie sumando un 25 y no dobló ningún plato. 25 con 25 tiros. Si ya es difícil cubrir una tirada, hacerlo tiro a tiro es más complicado aún.

Luego estuve haciendo fotos y vídeos de los tiradores, que después comparto en el wasap del grupo. A Diego conseguí grabarlo mientras rompía el plato naranja. Más tarde se puso él a grabar un rato y consiguió una toma espectacular a cámara lenta de un tirador, donde se puede apreciar perfectamente como el haz de perdigones impactan en el plato, deshaciéndolo en mil pedazos en el aire.

Hay días en que te lo ves todo hecho y eso es lo que me pasó a mí este sábado. Tiré muy cómodo, sin nervios. No dejaba volar los platos. Tiro con 76 de cañón y dos y una fijas.

Por la mañana estuve labrando los almendros, pero no me encontraba cansado.

Cuando terminé la serie, Rubén me había anotado por error un 25. Yo sabía que había errado el plato 5. Uno que sale a la izquierda y remonta bastante. Hice el tiro bajo. Cuando terminé la serie le dije que había hecho cero en un plato.

Puede ocurrir, que a veces el tirador no se percate y un plato que cree que ha errado termine siendo bueno. Para eso está el árbitro que es quien debe juzgarlo. En este caso, yo no tenía duda.

Vicent Castelló me agradeció el gesto y me contó la anécdota de otro tirador, cuyo nombre no voy a citar, que hizo lo contrario. El árbitro sabía que había hecho un cero en un plato y al terminar la serie le preguntó al tirador. Este dijo que había roto los 25.

Yo presencié algo peor cazando con un compañero de la cuadrilla, cuyo nombre tampoco diré. De esto hace ya mucho tiempo, pero son cosas que no se olvidan. Otro compañero del grupo había abatido una perdiz. Yo estaba en lo alto de un cerro y lo presencié todo. En lugar de coger la pieza y dársela a quien realmente la había abatido, disparó un tiro al aire y se la echó al zurrón. Cuando terminamos de cazar e hicimos el recuento, la perdiz se la había anotado esta persona.

Anécdotas cinegéticas al margen, volvamos a lo que nos ocupa: el tiro.

Por las tardes se puede merendar algo en el campo. Normalmente es Pepe quien se encarga de ello. Antes traía tomates y cebollas de su huerta y preparaba una estupenda ensalada aliñada con un poco de aceite y sal. Hoy había fartons.

La segunda serie de la tarde también la he terminado con un buen resultado: 23, errando el último plato. Un plato central un poco escorado a la derecha que no tenía nada que romper, pero los nervios te traicionan y no lo he juzgado bien, errando el disparo.