Tras arduas negociaciones entre ERC, Junts y la CUP, que han estado a punto de agotar los plazos y convocar nuevas elecciones, en Cataluña ya hay un nuevo Gobierno presidido por el republicano Pere Aragonés. La víspera de su posesión pudimos ver el clima de tensión que se va a vivir durante esta legislatura, con la CUP tratando de parar un desahucio. Ninguno de sus socios se lo va a poner nada fácil.

Nadie duda que en Cataluña hay un problema político sin resolver, pero para recuperar el diálogo y avanzar en la negociación se necesita predisposición por ambas partes para llegar a acuerdos y la posición de los independentistas sigue siendo la misma.

El Gobierno tiene previsto indultar a los políticos presos con el fin de desatascar esta situación, pensando que es la mejor solución para recuperar la concordia. Atrás quedan las palabras de Pedro Sánchez cuando hablaba de cumplimiento íntegro de las penas y de la gravedad de los delitos cometidos, tras la condena del Tribunal Supremo.

El respaldo a los indultos no es otra cosa que el peaje que tiene que pagar el presidente del Gobierno Pedro Sánchez para mantenerse en La Moncloa.

Todos los Gobiernos de la democracia han concedido indultos desde Felipe González hasta Mariano Rajoy. No es ninguna figura nueva, pero en el caso de los políticos independentistas cobra una especial relevancia, fundamentalmente porque no ha habido ningún arrepentimiento. Siempre han dicho que lo volverían a hacer.

Es más, el nuevo Gobierno sigue pensando en avanzar hacia la independencia. Es la misma hoja de ruta que cuando convocaron el referéndum ilegal del 1-O.

Si el Gobierno piensa que concediendo el indulto a los políticos catalanes en contra de lo que ha vuelto a decir el Tribunal Supremo se va a rebajar la tensión en Cataluña se equivoca. El independentismo no parará hasta conseguir su objetivo, que no es otro que la independencia.

El Gobierno debe mantenerse fuerte y no claudicar ante el chantaje permanente de los independentistas.

La solución en Cataluña pasa por avanzar en el diálogo, pero cumpliendo la ley y la Constitución.

La decisión del alto Tribunal, contrario a los indultos, nos hace a muchos confiar en el Estado de derecho.