Cuando los periodistas le preguntaron al presidente del Gobierno Pedro Sánchez si Cuba era una dictadura,  este respondió que no era una democracia. Evitó pronunciar esa palabra maldita para la izquierda de llamar dictadura cuando se trata de la dictadura del proletariado, es decir, la dictadura comunista. Supongo que el presidente del Gobierno no se hubiera contenido de igual forma para calificar de dictaduras la Argentina de Videla o el Chile de Pinochet.

 Una respuesta diplomática la del presidente de Gobierno para evitar llamar a las cosas por su nombre y no soliviantar a sus socios de Gobierno para los que Cuba es una democracia plena como lo es igualmente Venezuela o Bolivia.

Seguramente, la posición de España en cuanto a relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, le impide llamarle dictadura para no soliviantar al régimen castrista. Tampoco Aznar o Rajoy se refirieron a Cuba como una dictadura. Y de todos es conocida la amistad entre Manuel Fraga Iribarne y Fidel Castro.

A la derecha le ha costado calificar al régimen franquista como una dictadura, aunque lo siguen diciendo con la boca pequeña y a alguno todavía se le escapa algún exabrupto, como es negar la existencia de un golpe de Estado en el 36 que derivó en una sangrienta Guerra Civil, pero la izquierda tiene también ciertos complejos al calificar de dictadura lo que realmente es. El franquismo fue una dictadura y en Cuba no hay democracia porque impera un sistema dictatorial.

Habría que preguntarles a sus socios de Gobierno de Unidas Podemos que entienden ellos por dictadura en un país donde no se celebran elecciones libres y democráticas, se persigue y se encarcela a la oposición, se conculcan derechos fundamentales de manera sistemática, no existe concurrencia de partidos políticos y el poder lo detenta un partido único.

Para algunos existen dictaduras buenas y dictaduras malas. Cuando cualquier dictadura por definición es mala siempre.

Este país será más libre cuando los partidos políticos condenen todas las dictaduras.