Mientras entre viticultores y bodegueros se está discutiendo el precio de la uva, algunas grandes superficies de alimentación anuncian vinos a dos euros la botella. ¿A qué precio compran al proveedor esa botella los supermercados para ofrecerla al consumidor final a ese precio y sacarle al menos un margen mínimo de beneficio?

Quienes nos dedicamos a la agricultura no nos salen los números, a no ser que sean ventas a pérdidas.  Solo el cristal de una botella ya vale casi un euro. A eso hay añadir: etiquetado, cápsulas, embalaje, logística y, cómo no, el propio caldo.

La obligación de no vender por debajo del precio de coste no se está cumpliendo. Ni siquiera el agricultor sabe a qué precio le van a comprar la uva.

Este año los precios deberían ir al alza debido a la apertura de la restauración que se mantuvo cerrada durante toda la pandemia y que ocasionó graves pérdidas al sector de la hostelería.

El recorte en la producción entre el 25% y el 30% respecto a la campaña pasada, así como una mejora de las exportaciones también debería apuntar en esa dirección de una subida en el precio de la uva.

Sin embargo, los precios que se barajan de 0,21 euros el kilo para la uva tinta y de 0,17 euros para la uva blanca, según datos de la lonja de Extremadura, están muy lejos de cubrir los costes de producción, que rondarían casi el doble. En Cataluña, los precios no son muchos mejores a 0,32 euros el kilo para las variedades tradicionales. Una auténtica ruina para los agricultores.