La situación que vive el campo español es de absoluto abandono por parte de los poderes públicos. Una situación que muchas familias ya no pueden soportar por más tiempo.

Los bajos precios que perciben los agricultores y ganadores por sus productos, unido al exponencial aumento de las materias primas como: el gasoil,  los piensos, los fertilizantes o la luz hacen insostenibles muchas explotaciones agrícolas y ganaderas.

Agricultores que se ven obligados a talar sus árboles antes que vender a unos precios de ruina o campos yermos donde ya no se cultiva porque es más caro sembrar que recoger son las consecuencias de una mala política agrícola y ganadera que deja indefensos a miles de familias.  Controlar la importación masiva. Se sabe y no se hace nada por evitar que entren productos de otros países sin ningún tipo de control sanitario, como es el caso de la naranja sudafricana, que es tratada con pesticidas que están prohibidos. Llegan plagas a nuestros campos precisamente por esa falta de control como: el cotonet o la xylella fastidiosa del almendro que no tienen tratamiento posible y la única solución es arrancar los árboles.

Los agricultores reclaman algo tan sencillo y tan de sentido común como que las reglas del juego sean las mismas para todos.

La diferencia entre los precios en origen y el precio final que paga el consumidor en la tienda siguen siendo abismales hasta el punto de que muchas veces no llega a cubrir los costes de producción.

Los agricultores y ganaderos han vuelto a decir basta ya a esta situación tan injusta que arrastran desde hace décadas. De nada han servido las promesas del Gobierno de una ley que prohíba vender por debajo del precio de coste. Las grandes superficies siguen haciendo campañas de descuento para atraer clientes y venden a pérdidas, algo que está prohibido por ley, pero que sigue sin cumplirse.