Siempre me he preguntado si la decisión de que el rey emérito se marchara de España fue de don Juan Carlos o del propio Gobierno.

Me inclino más por lo segundo. De hecho, su salida de España pilló por sorpresa a sus socios de Gobierno de Unidas Podemos qué muy gustosamente lo hubieran pasado por la guillotina, metafóricamente hablando.

Estos días se está especulando sobre la posibilidad de que el rey regrese a España. Ha trascendido incluso que ha puesto dos condiciones para ese eventual regreso. La primera  de ellas es instalarse en la Zarzuela y la segunda igual de descabellada recibir la asignación económica como miembro de la Casa Real. Una asignación que su hijo, el rey Felipe VI, le retiró cuando se conocieron públicamente sus “problemillas” con el fisco.

 Hay quienes opinan que no sería bueno que el rey emérito viniera a España en estos momentos porque su presencia podría ser más negativa que positiva para la Corona, dado el clima político del momento. Otros, sin embargo, piensan que debemos ser generosos por su defensa del orden constitucional durante la intentona golpista del 23-F y como figura clave durante la Transición y hacer borrón y cuenta nueva, nunca mejor dicho.

Pero todo ese papel que sin duda desempeñó y que muchos de nosotros le reconocemos no puede solapar su indigna conducta posterior.

Todo lo que sabemos hasta el momento, dejando a un lado los líos de faldas, sobre negocios y comisiones en los que presuntamente participó siendo jefe del Estado, porque efectivamente  todavía no ha sido imputado por la justicia española, se le calcula una fortuna de más de 2.000 millones de euros,  enturbia muy negativamente la imagen del rey emérito entregado más a una vida libertina que a sus responsabilidades como jefe del Estado.

Que la justicia no es igual para todos es obvio. Muy probablemente, si regresa, sus delitos con el fisco habrán prescrito. Deje usted de pagar a Hacienda y veremos si prescriben los delitos o directamente le embargan todos sus ahorros.

Si el rey quiere lavar mínimamente su imagen, bastante deteriorada,  la mejor manera de hacerlo es dando explicaciones a los ciudadanos.

Se equivocó cuando se fue a Botsuana a matar elefantes, aunque pidiera perdón públicamente por ello y se volvería a equivocar ahora si no regresa a España y responde ante la justicia y sobre todo ante los españoles que le dimos nuestra confianza.