Como era de prever, el PP ya ha anunciado que votará en contra de la reforma laboral aprobada entre los agentes sociales, es decir, sindicatos y patronal y que ha culminado en un gran acuerdo social, tras meses de negociación.

Sería suficiente la presencia de la CEOE en el acuerdo, que no es precisamente de izquierdas para que el PP diera su apoyo a la nueva norma laboral que regirá las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores los próximos años hasta un próximo Gobierno de otro color que la derogará, como hacen con todas las leyes que no son de su agrado. Véase la ley de educación.

Bastaría, como digo, el apoyo de la CEOE para que el PP diera el visto bueno a la nueva norma, pero, además, existe otro motivo de peso. Se da la circunstancia de que EH Bildu, PNV y ERC tampoco están de acuerdo con el documento aprobado porque hubieran preferido una derogación total de la reforma laboral, algo que de haberse llevado a efecto no hubiera culminado en ningún acuerdo, razón de más para que el PP la apoye. De lo contrario van a votar junto a las fuerzas independentistas.

Y como la política es consenso y diálogo, o al menos debería serlo, todos han cedido para poder lograr un acuerdo. No ha habido tal derogación, como quería la ministra de Trabajo Yolanda Díaz y los sindicatos porque de haberse derogado la reforma laboral en su integridad no hubiera contado con el apoyo de la patronal y de lo que se trataba es de que el nuevo texto tuviera el máximo consenso posible. Y así ha sido.

Pero ahí están los partidos políticos para estropear y meter sus zarpas, tras nueve meses de trabajo entre el Gobierno y los agentes sociales para politizar un asunto que debe ser todo menos político.

Parece que en este país esté mal visto que la oposición apoye acuerdos de Gobierno, aunque en este caso ganen todos, como así ha ocurrido.

La reforma laboral junto a la reforma de las pensiones son dos exigencias de Bruselas para que lleguen las ayudas europeas a España, pero al PP esto parece importarle bien poco y prefiere estar a la gresca continúa, aunque en este caso una parte de su electorado, como son los empresarios esté a favor de ese acuerdo.