Mientras el número de contagios por la nueva variante Ómicron sigue disparado, pese a que hay menos hospitalizaciones que hace un año gracias sobre todo a la vacuna, los riesgos de cara a las próximas fechas navideñas como Fin de Año y Reyes, son muy elevados. No parece que se vayan a tomar más medidas de carácter restrictivo como podrían ser: el toque de queda a partir de determinada hora o limitar el aforo en bares, restaurantes y lugares de ocio. De momento, las medidas se limitan únicamente al pasaporte Covid en determinados espacios como cines, teatros y restaurantes y al uso de la mascarilla en el exterior, algo muy criticado, por tanto, es muy importante apelar una vez más a la responsabilidad individual de cada uno, evitando aglomeraciones y situaciones de riesgo.

Algunas Comunidades como el País Vasco, La Rioja y Navarra con un índice de incidencia acumulada por encima de los 2.000 casos por cada 100.000 habitantes parece ser que sí que van a tomar medidas más restrictivas para frenar la oleada de contagios y evitar el colapso en hospitales y centros de salud.

El problema es que hay miedo a imponer ciertas medidas, sobre todo aquellas que afectan a la economía de muchos negocios porque son impopulares, aunque ayuden a salvar vidas.

Lo hemos visto en Madrid, donde  Isabel Díaz Ayuso ganó las elecciones, no por su programa electoral sino porque no cerró la hostelería mientras otras comunidades, como la valenciana la tenían cerrada a cal y canto, que era lo que tocaba hacer en aquel momento.

La falta de un mando único a nivel estatal ha obligado a tomar diecisiete decisiones distintas, una por cada Comunidad Autónoma, lo que ha creado mucho desconcierto.

Y luego ha habido también algo que no ha pasado en ningún otro país del mundo y es que la oposición no haya apoyado las decisiones que ha tomado el Gobierno por el bien del interés nacional, que tanto dicen defender. Ocurrió con el primer estado de alarma, donde una formación política como Vox llevó a los tribunales el acuerdo aprobado por el Parlamento de declarar el estado de alarma por considerar que había sido inconstitucional. Los tribunales de Justicia le dieron la razón. Me pregunto ¿qué hubiera pasado si no se hubiera confinado a la población en plena ola de la pandemia con miles de muertos diarios, sin vacuna, con las UCI y los hospitales colapsados? Si legalmente debió decretarse un estado de alarma o de excepción, que restringe todavía más las libertades, no lo sé porque no soy jurista, ambos casos están previstos en la Constitución para situaciones excepcionales y el COVID lo es, pero la única solución factible en aquel momento para salvar vidas era confinar a la población.  De eso no tengo ninguna duda. Como tampoco de que la inmensa mayoría de los ciudadanos acató la decisión de forma ejemplar, quedándose en sus casas. ¿De cuántos muertos estaríamos hablando ahora si no nos hubiéramos encerrados en nuestras casas?

Se han dicho barbaridades del tipo de que era un gobierno socialcomunista que lo que quería era imponer una dictadura, secuestrando derechos. En la gestión de la pandemia ha habido errores. Pero yo creo que siempre se ha actuado desde el convencimiento de que era lo mejor. No sé como hubiera actuado otro gobierno en una situación parecida.

No creo que de esta pandemia salgamos más fuertes ni más solidarios ni mejores personas. Y lo digo con mucha pena.