España ha demostrado a lo largo de la cumbre de la OTAN que ha tenido lugar estos días en Madrid y que concluye hoy con una declaración conjunta de unidad para responder a la amenaza rusa, que es un gran país anfitrión y que sabemos hacer bien las cosas. No es fácil una organización de este tipo con todas las medidas de seguridad que hay que desplegar y la coordinación y el trabajo que todo ello supone.

Tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez como el Rey Felipe VI han sido dos grandes anfitriones también. A pesar de la gravedad del momento y con una guerra en Europa, se ha visto una muy buena sintonía entre Sánchez y el resto de compromisarios europeos.

Sánchez es un político más respetado en Europa que en España. A pesar de las reticencias de sus socios de Gobierno de Unidas Podemos que han convocado contramanifestaciones anti OTAN,  el presidente del Gobierno se ha mostrado más atlantista que ningún otro presidente del Gobierno español. Ninguna reticencia a que EEUU amplia su flota en Rota con más destructores, reforzando su presencia militar en territorio español.

Es bueno para España que nuestro país haya retomado las relaciones con EEUU que permanecían estancadas desde hace tiempo. EEUU siempre ha sido un socio prioritario para España y debe seguir siéndolo. Llevábamos unas malas relaciones desde Donald Trump, incluso antes con Rodríguez Zapatero y su desaire de permanecer sentado ante la bandera de EEUU como acto de protesta por la guerra de Irak.

La cumbre ha constatado la necesidad de que todos los países miembros aumenten sus presupuestos de defensa.

Estamos ante la segunda Guerra Fría. El mundo ya vivió una situación parecida al final de la Segunda Guerra Mundial con dos bloques enfrentados: EEUU y la antigua URSS. Los misiles entonces apuntaban a Europa.

La invasión rusa de Ucrania ha hecho de la OTAN una organización más necesaria que nunca para hacer frente a los grandes desafíos mundiales.

Sin seguridad, no hay paz.