EEUU ha vuelto a poner al mundo al borde de un conflicto militar. La visita de la presidenta de la Cámara de representantes, Nancy Pelosi, a Taiwán ha hecho que China despliegue todo su poderío militar, con lanzamiento de misiles y fuego real, incluso que viole el espacio aéreo que hasta ahora respetaba.

No sé lo que persigue EEUU con esta visita a la isla de Taiwán, reavivando un nuevo conflicto. Desde luego, nada bueno. Solo soliviantar a China.  Y lo ha conseguido. La reacción de China no se ha hecho esperar. El gigante asiático no va a permitir ninguna injerencia extranjera en un asunto que considera interno.

Desaparecida la Unión Soviética, la lucha por la hegemonía mundial entre China y EEUU se perfila ya como el choque más desestabilizador de los próximos años, incluso décadas.

Desde que Joe Biden llegara a la presidencia de los EEUU, alguno saludamos ese cambio en la Casa Blanca, los conflictos internacionales han ido en aumento. No me gustaba nada Donald Trump, pero hay que reconocer que gestionaba bastante mejor la política exterior que el dirigente demócrata.

Biden ha conseguido romper relaciones con China, un aliado fundamental para poner fin a la guerra de Ucrania, donde EEUU es el principal beneficiado con la venta de armamento y el más interesado en que se prolongue la guerra.

La escalada de la tensión en la zona amenaza con desestabilizar todavía más a las economías de la UE, algunas de las cuales podrían entrar en recesión en los próximos meses.

Si el conflicto continúa y EEUU decide imponer sanciones económicas a China, como ha hecho con Rusia, Europa tendrá que decidir de qué lado está. Hasta ahora China ha sido un socio preferente en las relaciones comerciales entre ambos continentes.

Si China corta la cadena de suministros al resto de Europa e impone sanciones, el agravamiento de la crisis sería todavía más largo y profundo.