El bar Nou se despide mañana  sábado de sus clientes y amigos, tras más treinta y cinco años dedicados a la hostelería. Hoy viernes será el último día que prepare comidas.

Una despedida por todo lo alto, como han sido todos estos años en los  que Pepe y Merche han estado al frente de este negocio hostelero de carácter familiar, donde la receta ha sido siempre la misma: comida casera de calidad, con buenas materias primas.

Tras el cierre del Bar Nou por jubilación de sus dueños, La Font de la Figuera, un municipio de algo más de dos mil habitantes se queda prácticamente sin bares.

La falta de relevo generacional es una de las causas que explica este cierre masivo de establecimientos de hostelería.

Los dueños se jubilan y no hay nadie en el entorno familiar que quiera coger las riendas del negocio.

El negocio de la hostelería requiere mucha dedicación y sacrificio. No hay horarios y los días de más trabajo suelen ser  los fines de semana y los festivos. No todo el mundo está dispuesto a trabajar en estas condiciones y prefiere un trabajo más flexible que le permita tener más tiempo libre.

La falta de relevo generacional es uno de los principales motivos por el cual muchos negocios de la hostelería se ven obligados a echar el cierre. No es un problema de falta de rentabilidad porque el negocio funcione mal y no tenga clientes, lo cual explicaría que un negocio termine cerrando. Es sencillamente que no hay gente dispuesta a continuar lo que crearon sus padres con tanto trabajo y sacrificio.

Esta falta de relevo generacional afecta también a otros sectores de la economía, como la agricultura, donde el envejecimiento de la población es ya un problema.

El otro gran problema es la falta de mano de obra cualificada, es decir, de camareros y cocineros profesionales que sepan hacer bien su trabajo.

No hay gente dispuesta a trabajar en la hostelería. Bajos sueldos y muchas horas.

El presidente de EEUU Joe Biden recomendaba a los empresarios que paguen más a sus trabajadores para que cubran esa falta de mano de obra que reclaman.

Supongo que como todo en la vida hay gente que paga mejor y gente que paga peor. Achacarlo todo a sueldos bajos no sería justo, pero, obviamente, hay empresarios que se aprovechan de sus trabajadores y les pagan unos sueldos de miseria. Pero esto no ocurre únicamente en la hostelería.

La Font no es un caso aislado. En poblaciones cercanas como Moixent o Vallada también han cerrado un montón de bares y restaurantes. El último en anunciar el cierre ha sido el restaurante Sáez, de Vallada, también con más de cincuenta años de trayectoria.