En algunas Comunidades Autónomas como Castilla- La Mancha o La Rioja se han producido las primeras heladas de la primavera con cientos de hectáreas de viñedos afectadas. Solo en La Rioja, los daños superan los 5 millones de euros, mientras que las hectáreas afectadas en Castilla La Mancha superan las 17.500 hectáreas.

La sequía derivada fundamentalmente del cambio climático continúa siendo uno de los grandes caballos de batalla al que deben enfrentarse los agricultores de la Comunidad Valenciana, una de las zonas más afectadas por la escasez de lluvias.

En un artículo reciente publicado en este mismo periódico escribía que la sequía estaba afectando de manera desigual según zonas y variedades. Esta mañana he visitado con Rafa la zona de la Rambla en Fontanars.

La situación por la que atraviesan algunos viñedos de la Rambla de Fontanars  dels Alforins es alarmante y casi irreversible. Se trata de un escenario que no se ha visto en mucho tiempo, pese a que los periodos de sequía se vienen repitiendo a lo largo de los años en este territorio.

Si no llueve en los próximos días, según advierten los expertos, hay cepas que podrían secarse. Y los pronósticos meteorológicos no son nada halagüeños en este sentido: hasta el momento no señalan precipitaciones en la zona en lo que resta del mes de mayo.

Desde el 1 de enero hasta el 19 de mayo se han registrado 77 litros por metro cuadrado, mientras que el año pasado por estas mismas fechas  se llevaban  acumulados más de 200 litros por metro cuadrado.

La situación es todavía más grave en los terrenos fuertes, arcillosos y calizos, mientras que los suelos arenosos resisten mejor la sequía. En general, los suelos arenosos no retienen el agua, pero en condiciones de sequía extrema como la actual, permiten el laboreo para que las raíces no queden bloqueadas, como ocurre con los terrenos arcillosos donde la cohesión de dicho suelo  ante la falta de agua se compacta y las raíces no pueden prosperar, como explica Mauro Matarredona, viticultor de Fontanars dels Alforins. Por su parte, el suelo arcilloso es poco permeable al agua y, en consecuencia, tiende a retenerla. Durante las estaciones de sequía se endurece y se vuelve difícil de cultivar. El suelo es uno de los factores que más influyen en las características de las uvas y, por tanto, de los vinos. Y es lógico, porque la planta se alimenta del suelo, donde hunde sus raíces y absorbe agua y nutriente.

De prolongarse el escenario actual de escasez de lluvias, es muy probable que muchas parcelas de viña no lleguen a recolectarse. Desde las asociaciones agrarias como la Unió Llauradora i Ramadera han pedido al Gobierno Central ayudas urgentes para paliar la sequía.