Más allá de quien gane las elecciones, lo importante va a ser ver la correlación de fuerzas resultantes después de más de 30 años desde la fundación de la UE de gobiernos de socialdemócratas, liberales y conservadores y con la irrupción de los partidos de extrema derecha que por primera vez en la historia pueden cambiar el mapa político y las políticas de alianzas.

En Europa hace años que el riesgo de la irrupción de la extrema derecha es una realidad y ha conseguido instalarse en gobiernos nacionales como Italia o Hungría y también en gobiernos de coalición como en Croacia, Eslovaquia o Finlandia.

Ante la falta de soluciones a problemas realeas por parte de los partidos tradicionales, los populismos utilizan el descontento social y las crisis políticas para ganar adeptos. Lo vivimos en España el 15-M con Podemos que supo canalizar todo el voto de la indignación ciudadana para llegar al poder.

El cordón sanitario que impusieron algunos países como Francia, con un partido como Agrupación Nacional de Marine Le Pen en claro crecimiento, para frenar gobiernos de extrema derecha ha dado paso a que algunos partidos como el Partido Popular europeo y también nacional lo integren en sus gobiernos.

Hace poco escuchábamos a la presidenta de la Comisión europea Úrsula von der Leyen y también al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo sus intenciones de cooperar con el partido de Giorgia Meloni, Hermanos de Italia a la que ya no ven como un problema sino como una solución, incluso como un socio.

Cuando estos días se han cumplido 80 años del desembarco de Normandía que puso fin al régimen nazi y a la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, el germen del nazismo vuelve a impregnar el corazón de Europa.