Los republicanos tienen la llave de la gobernabilidad en Cataluña o de ir a una nueva repetición electoral. Cualquiera de las dos cosas pasa por la decisión que tome ERC en los próximos días. Si no apoyan a Illa habrá que ir a nuevas elecciones, sin la seguridad de que pueda cambiar el mapa político surgido tras las elecciones del pasado 12 de mayo y de que se repita el mismo escenario.

Con los votos de ERC y els Comuns, Salvador Illa, ganador de las elecciones, sería el próximo presidente de la Generalitat de Cataluña al obtener la mayoría absoluta de 68 escaños.

Carles Puigdemont que no descarta presentarse a la investidura, pese a que la orden de detención sigue vigente, necesitaría los votos de ERC, la CUP y la abstención del PSC. Illa ha vuelto a repetir que no hará presidente con sus votos a Puigdemont, pero todos recordamos que tampoco iba a apoyar la Ley de Amnistía y finalmente la apoyó.

El ex presidente catalán juega con la baza de los siete diputados de Junts en el Congreso de los Diputados para presionar a Pedro Sánchez porque sabe que si deja de apoyarlo es el fin de la legislatura. Pese a perder las elecciones, el independentismo vuelve a decidir no solo lo que ocurre en Cataluña sino también en España.

El pacto al que han llegado Junts, ERC y la CUP para el nuevo president del parlament de Cataluña no refleja la voluntad emanada de las urnas, donde los catalanes dieron su apoyo de forma mayoritaria a Salvador Illa y dijeron  claramente no al independentismo.

En este contexto político de evitar una nueva repetición electoral y apoyar a la lista más votada, el PP debería, si no votar afirmativamente, sí, al menos, abstenerse en la investidura de Salvador Illa, entre otras cosas porque el PP de Alberto Núñez Feijóo ha venido defendiendo que debe gobernar la lista más votada, aunque después no lo ha cumplido, como ocurrió en Extremadura donde ganó el PSOE y un acuerdo entre el PP y Vox dio la comunidad autónoma a los populares con el apoyo de la ultraderecha.