¿Quién pagará los destrozos que provocaron los violentos en la manifestación que se celebró el sábado en Valencia para pedir la dimisión de Carlos Mazón y su equipo de Gobierno?
La manifestación fue pacífica y congregó a numerosos vecinos afectados, y asociaciones cívicas pero al término de la misma se produjeron hechos muy violentos, protagonizados por un grupúsculo de extrema izquierda que prendió fuego a la puerta del Ayuntamiento y la emprendió a botellazos, palos y bengalas contra la policía nacional que tuvo que cargar varias veces para dispersar a los violentos y que dejó un total de 31 policías heridos.
Ahora es momento de acordarse de la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, consensuada entre el Gobierno y EH Bildu que prohíbe la utilización de pelotas de gomas y que deja a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sin capacidad de disuasión efectiva ante las manifestaciones violentas. ¿Cómo responder ante el ataque con cócteles molotov? ¿Con porras?
Se quemaron contenedores y se atentó contra el patrimonio nacional como: la Lonja o el Ayuntamiento de Valencia, pintando en su fachada eslóganes como: Mazón, dimisión o Mazón, asesino.
Paredes embadurnadas con pintura roja en los muros góticos de la Lonja y la fachada del Ayuntamiento que habrá que limpiar y que tienen un coste económico para el bolsillo de los ciudadanos. Muchos de los que protagonizaron estas pintadas ni siquiera habrán ido ni un solo día a ayudar en las labores de desescombro en las zonas afectadas, pero son los primeros en apuntarse para armar camorra.
No ha habido ninguna condena por parte de la izquierda a estos actos violentos que desvirtúan absolutamente el espíritu de la manifestación que no era otra mostrar la indignación ciudadana ante la inacción del Gobierno para afrontar una catástrofe como la dana que ha dejado más de doscientos muertos y medio centenar de desaparecidos.
Durante la kale borroka, la violencia callejera protagonizada por grupos de jóvenes abertzales, el Gobierno vasco tomó la decisión de responsabilizar de los daños causados a los padres de estos jóvenes que se dedicaban a quemar autobuses o incendiar contenedores. La decisión resultó muy eficaz porque hasta entonces los destrozos los pagaban los ciudadanos con sus impuestos.