La situación de Sánchez y su Gobierno es cada vez más complicada. Las declaraciones del empresario Víctor de Aldama que involucran a varios ministros del Gobierno socialista con el presunto cobro de comisiones que, obviamente, tendrá que probar, suman al gobierno en una profunda crisis institucional, sin precedentes en la democracia.

Sánchez, con su mujer Begoña Gómez y su hermano, imputados por varios delitos y con su mano derecha y ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos también imputado, sigue sin dar explicaciones y responsabilizando a los medios y a la ultraderecha de ser objeto de una cacería política. Una de las instituciones más prestigiosas del Estado como es la Fiscalía General del Estado tiene a su máxima autoridad imputada por un presunto delito de revelación de secretos, tras filtrarse los correos de la pareja de Ayuso. El máximo garante de los derechos de todos los ciudadanos, filtrando correos confidenciales de una persona particular. García Ortiz sigue en su puesto y no ha dimitido. Información que debería ser secreta circula por los canales del gobierno con el objetivo de dañar al adversario político, en este caso, a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Si su pareja ha cometido un fraude fiscal, como el mismo ha reconocido tendrá que responder ante la Hacienda Pública como cualquier ciudadano

Lo que el presidente denomina “máquina del fango” solo es una burda excusa para no asumir las responsabilidades políticas, que sí le exigió a Mariano Rajoy cuando presentó la moción de censura contra el líder del PP.

Sánchez  sigue contando con todo el apoyo del partido, salvo las voces discordantes de siempre y con sus socios de gobierno a los que parece que los casos de corrupción solo le preocupan cuando están en la bancada azul.

Los mismos argumentos que esgrimió Sánchez en aquel momento contra Rajoy le vienen como anillo al dedo al presidente del Gobierno. Pero una cosa es predicar y otra muy distinta dar ejemplo.

Lo que está ocurriendo en España no tiene paragón en ningún otro país europeo, donde por mucho menos se dimite.